En realidad en el infierno hace frío. Hay historias que cuentan que allí el fuego arde constantemente, que los cuerpos y las almas se queman durante toda la eternidad (la eternidad dura 5 minutos, pero eso sólo lo sabes tú y lo sé yo, que es el tiempo que pasa entre la primera vez que miraste a través de una ventana y el fin de los tiempos de todas las vidas). Siempre lo han pintado de colores cálidos, entre rojos, naranjas, amarillos...En una ocasión vi uno sin colorear, o sin lo que los niños entienden que es colorear. Era gris en todos sus matices, y sus formas sudaban sin parar entre gritos desgarradores, llamas monocromas y caras desfiguradas.
Pero la verdad es que el infierno es como el hielo que se amontona al fondo del congelador, que va calando poco a poco en los huesos y destrozando la carne que los cubre. La agrieta, la vuelve frágil, mustia, roma y vitalmente aséptica.
Es un frío que carcome las comisuras de los labios y que impide que uno vuelva a sonreir, que hace sangrar las manos al irlas dejando sin piel y llenándolas de sabañones morados que ennegrecen la mirada y los ojos que la fabrican.
Es ese frío que entra por lo pies y que recorre las piernas hasta las caderas, que se instala en el estómago y la parte baja de la espalda, que sube hasta los hombros y se sienta en los trapecios a columpiarse mientras hace que te encojas poco a poco y te hace desaparecer.
Cuando has atravesado el infierno descalzo ese frío se convierte en inquilino permanente de ese pequeño trocito del esternón donde aprietan los huecos que, en lugar de dejar espacio para respirar, se llevan todo el oxígeno que tenías guardado para momentos de emergencias . ¿Existen los copos de escarcha? yo tengo las plantas de los pies convertidas en ellos (o algo parecido, que viene a ser lo mismo que el tránsito que hacen los míos buscando los tuyos bajo las mantas hasta que se enredan como contorsionistas eternos, con esa sonrisa que sólo surge cuando las cosas no pueden ser de otra forma).
Es cierto, el infierno es frío. Si has estado allí, lo sabes. Y se te queda un trocito dentro para siempre, para recordarte que cuando lo has cruzado una vez, tus pasos no olvidan el camino, aunque amenace con crecer y colonizarte entero de una vez para siempre.
Escribir era abrir una herida para que saliera la sangre que sobraba. Mi vida nunca fue más que la eterna ilusión de no ser un cúmulo de puntos suspensivos...
Vistas de página en total
miércoles, 15 de noviembre de 2017
lunes, 6 de noviembre de 2017
Completamente viernes
El primer rayo de luz que se cuela
por las rendijas de la persiana,
el café caliente de las mañanas de los domingos,
el olor a pan tostado que invade la casa,
la yema de un huevo frito derramándose lentamente
por el plato antes de ser rebañada por una mano ansiosa,
las croquetas frías de la cena,
el vaho de la ducha que disfraza los espejos,
el sabor del sudor del deseo irrefrenable,
un rizo indómito y rebelde que se empeña en seguir
su propio camino,
una manta de cuadros de colores,
el té de la una de la madrugada,
la lluvia a oscuras desde el sofá,
mi pijama cayendo lentamente desde tu cintura al suelo,
pies que abrazan como si fueran manos
y manos que besan como labios que no saben
guardar las formas ni las apariencias que no conocen.
Mi suerte.
por las rendijas de la persiana,
el café caliente de las mañanas de los domingos,
el olor a pan tostado que invade la casa,
la yema de un huevo frito derramándose lentamente
por el plato antes de ser rebañada por una mano ansiosa,
las croquetas frías de la cena,
el vaho de la ducha que disfraza los espejos,
el sabor del sudor del deseo irrefrenable,
un rizo indómito y rebelde que se empeña en seguir
su propio camino,
una manta de cuadros de colores,
el té de la una de la madrugada,
la lluvia a oscuras desde el sofá,
mi pijama cayendo lentamente desde tu cintura al suelo,
pies que abrazan como si fueran manos
y manos que besan como labios que no saben
guardar las formas ni las apariencias que no conocen.
Mi suerte.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)