Sí.
Lo sé.
A veces, me retraigo, me encojo, no entiendo y me hago un nudo con mis tripas.
Lloro. Miro por la ventana sin ver.
Río en voz alta,
salto sobre el sofá y me revuelco entre los cojines.
Duermo, hay noches que pronto y, otras, en las que no paro de girar sobre mi mismo.
Juego, corro, me paro, me tumbo, sueño e incluso canto.
Te miro. Siempre te miro. Y no puedo parar de hacerlo.
Soy un ovillo de lana que se enreda y desenreda sin parar, que cae por las escaleras y que no deja de perseguir sueños.
¿Y sabes?
Nunca tengo que volver a casa porque nunca me he ido.
Lo sé.
A veces, me retraigo, me encojo, no entiendo y me hago un nudo con mis tripas.
Lloro. Miro por la ventana sin ver.
Río en voz alta,
salto sobre el sofá y me revuelco entre los cojines.
Duermo, hay noches que pronto y, otras, en las que no paro de girar sobre mi mismo.
Juego, corro, me paro, me tumbo, sueño e incluso canto.
Te miro. Siempre te miro. Y no puedo parar de hacerlo.
Soy un ovillo de lana que se enreda y desenreda sin parar, que cae por las escaleras y que no deja de perseguir sueños.
¿Y sabes?
Nunca tengo que volver a casa porque nunca me he ido.