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jueves, 28 de junio de 2018

Equilibrista de lo imposible

Como un delfín volador
O una jirafa que explora fosas abisales. 
Como las flores que polinizan a las abejas
Sin saberlo 
O leones que comen hierbas aromáticas 
Como plato principal. 

Como el niño que en su 90 cumpleaños
Sigue pidiendo unicornios 
Y metiendo en las bocas de los buzones amarillos
Eternas cartas a los reyes magos. 

Equilibrista de lo imposible 
Para quien una fina cuerda 
Es el más ancho de los caminos
Que cruzan la Tierra de lado a lado.
Aquel que miraba tus ojos antes de verte
Y sueña con ellos mientras duerme
Oliendo tu cuello. 
Lo imposible era más que equilibrio improbable. 
Era la realidad más certera incluso antes de suceder. 
Equilibristas de vidas eternas.
Como siempre fue contigo. 

martes, 12 de junio de 2018

Florecer

Hay días en los que la vida nos conduce a transitar bosques oscuros,
a colgarnos de las ramas de los árboles más altos
y a cruzar a nado ríos que arrastran una masa de agua incontrolable.
Durante el camino, hay luces que se encienden y nos permiten
no tropezar con piedras, meter los pies en los agujeros y no pisar a
alguno de los animales que se atreven a desafiar el ritmo descompasado 
de los pasos que lo recorren.
También, a veces se apagan todas y avanzamos a ciegas. En esos casos, sólo me tengo a mi mismo y a tus manos, que vienen a ser lo mismo.
La oscuridad suele producir un efecto que, al menos, a veces, resulta inquietante.
Nos hace pensar y sentir todo lo que no dejamos salir cuando la luz, el ruido, el movimiento a nuestro alrededor nos agitan. Nos permite encontrarnos con la versión más auténtica de nosotros mismos. Con nuestros miedos, nuestras ilusiones, nuestras esperanzas y vacíos, nuestros jardines y nuestros desiertos.
En ocasiones, nos desequilibra, nos zarandea y nos hace temblar, nos quita la piel a tiras para hacernos sentir la carne latente, cálida e indefensa.

También tiene la virtud de hacernos fuertes, de permitirnos llegar a conocer quienes somos en realidad, nuestra esencia más oculta, la forma en la que horadamos la tierra y sentimos el mundo. 
Y mi mundo tiene tu cara y el sonido de tu risa. 
Y así, florecen macetas en la terraza y brillan estrellas en el techo del salón.