Detrás de la puerta había una maleta.
Una normal, ni grande ni pequeña, de piel marrón, lo suficientemente gastada para saber que se había usado bastante pero en el buen estado de conservación para saber que era una buena maleta, adecuada para todas las aventuras y viajes venideros.
En ella había lluvia, también rayos de sol, vientos, huracanes, tormentas, nubes, rayos, truenos, calor, calma, marejadas suaves y fuertes y cualquier fenómeno natural que quiera imaginarse. Había risas, caricias, palmadas, cosquillas, lágrimas, abrazos, miradas, besos, noches en vela, música, silbidos, guerras de almohadas, bocadillos calientes (y fríos), paraguas, libros, cuentos, linternas, sombreros, toallas, limonada, café, croasanes, helados, una tienda de campaña, sacos de dormir, colchones, hogueras, una guitarra y un pastor alemán que correteaba por el fondo.
La piel de la maleta olía a sal de todos los mares, a arena caliente de playa, a hierba mojada y bosque, a piedra volcánica y a hielo azul.
Expectativas....
Una normal, ni grande ni pequeña, de piel marrón, lo suficientemente gastada para saber que se había usado bastante pero en el buen estado de conservación para saber que era una buena maleta, adecuada para todas las aventuras y viajes venideros.
En ella había lluvia, también rayos de sol, vientos, huracanes, tormentas, nubes, rayos, truenos, calor, calma, marejadas suaves y fuertes y cualquier fenómeno natural que quiera imaginarse. Había risas, caricias, palmadas, cosquillas, lágrimas, abrazos, miradas, besos, noches en vela, música, silbidos, guerras de almohadas, bocadillos calientes (y fríos), paraguas, libros, cuentos, linternas, sombreros, toallas, limonada, café, croasanes, helados, una tienda de campaña, sacos de dormir, colchones, hogueras, una guitarra y un pastor alemán que correteaba por el fondo.
La piel de la maleta olía a sal de todos los mares, a arena caliente de playa, a hierba mojada y bosque, a piedra volcánica y a hielo azul.
Expectativas....
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