Porque era el aire el que la respiraba para sobrevivir.
Y ella nunca lo supo.
Escribir era abrir una herida para que saliera la sangre que sobraba. Mi vida nunca fue más que la eterna ilusión de no ser un cúmulo de puntos suspensivos...
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miércoles, 21 de diciembre de 2016
Mercadillo
Compro sueños guardados bajo la alfombra,
deseos escondidos en las cortinas,
cojines de colores
y cubos de reciclaje para todo aquello que no sabes donde poner.
Compro ilusiones deshechas, maletas rotas,
la sal de las heridas y las lanzas que las abren.
Regalo alas por docenas -por si se te pierde alguna-,
vuelos sin billete de vuelta
y saltos sin paracaídas.
Regalo las vidas que me dieron los gatos,
canciones a oscuras
y mañanas de sol para los días nublados.
Cambio cerraduras por puertas abiertas,
persianas echadas por ver llover a través de tu ventana,
armaduras por piel desnuda
y cajones de ropa vieja por armarios que llenar.
Cambio lágrimas por abrazos
que rehacen el puzzle de la vida,
dudas por fe,
y café frío por tostadas quemadas los domingos por la mañana.
Vendo heridas y beso cicatrices.
deseos escondidos en las cortinas,
cojines de colores
y cubos de reciclaje para todo aquello que no sabes donde poner.
Compro ilusiones deshechas, maletas rotas,
la sal de las heridas y las lanzas que las abren.
Regalo alas por docenas -por si se te pierde alguna-,
vuelos sin billete de vuelta
y saltos sin paracaídas.
Regalo las vidas que me dieron los gatos,
canciones a oscuras
y mañanas de sol para los días nublados.
Cambio cerraduras por puertas abiertas,
persianas echadas por ver llover a través de tu ventana,
armaduras por piel desnuda
y cajones de ropa vieja por armarios que llenar.
Cambio lágrimas por abrazos
que rehacen el puzzle de la vida,
dudas por fe,
y café frío por tostadas quemadas los domingos por la mañana.
Vendo heridas y beso cicatrices.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
No más que a ti
Cuando cierro los ojos es cuando mejor
Nos veo.
Como cuando recorres la casa a oscuras
Porque sabes donde está cada esquina de cada mueble,
Cada puerta, cada juguete perdido,
O el vestido que dejamos caer
Después de arrancarlo con ansía.
Como cuando sonríes desde la puerta
O cuando los ojos brillan al escuchar
Lo que ya sabemos desde antes
De que unas manos se buscaran en mesas distintas
Incapaces de comprender ese espacio que las separaban.
Como cuando callas porque nada es todo en ese momento
En que la garganta se convierte en volcán.
Como cuando quise hacer infinita cada décima de segundo
O colgarle la eternidad a nuestros nombres.
Como cuando esperaba ver a la vida sonreír
Con la boca llena de dientes.
Como cuando esperaba bajo un árbol que llovía
Flores del color del cerezo.
No más que a ti
Nos veo.
Como cuando recorres la casa a oscuras
Porque sabes donde está cada esquina de cada mueble,
Cada puerta, cada juguete perdido,
O el vestido que dejamos caer
Después de arrancarlo con ansía.
Como cuando sonríes desde la puerta
O cuando los ojos brillan al escuchar
Lo que ya sabemos desde antes
De que unas manos se buscaran en mesas distintas
Incapaces de comprender ese espacio que las separaban.
Como cuando callas porque nada es todo en ese momento
En que la garganta se convierte en volcán.
Como cuando quise hacer infinita cada décima de segundo
O colgarle la eternidad a nuestros nombres.
Como cuando esperaba ver a la vida sonreír
Con la boca llena de dientes.
Como cuando esperaba bajo un árbol que llovía
Flores del color del cerezo.
No más que a ti
viernes, 2 de diciembre de 2016
La vida (2)
Una sombra en la ventana,
pisadas en la escalera
y diez idas con sus venidas antes de despedirnos
durante una eternidad que va a durar
el tiempo que tardas en cruzar el pasillo.
Un colchón que gime (y ríe),
la lluvia sobre un universo que se esconde
debajo de tu pelo mojado (y mi chaqueta negra),
las manos inquietas que se rebelan
porque no quieren más ausencia
que el espacio que queda entre mis dedos tocando tu piel.
Bajar la escalera (y subirla),
Peter Pan,
una lengua traviesa que habla al oído.
Un trozo de tarta (de café) y el mar.
Soñar.
Adictividad.
La vida.
Me basta.
pisadas en la escalera
y diez idas con sus venidas antes de despedirnos
durante una eternidad que va a durar
el tiempo que tardas en cruzar el pasillo.
Un colchón que gime (y ríe),
la lluvia sobre un universo que se esconde
debajo de tu pelo mojado (y mi chaqueta negra),
las manos inquietas que se rebelan
porque no quieren más ausencia
que el espacio que queda entre mis dedos tocando tu piel.
Bajar la escalera (y subirla),
Peter Pan,
una lengua traviesa que habla al oído.
Un trozo de tarta (de café) y el mar.
Soñar.
Adictividad.
La vida.
Me basta.
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