Una sombra en la ventana,
pisadas en la escalera
y diez idas con sus venidas antes de despedirnos
durante una eternidad que va a durar
el tiempo que tardas en cruzar el pasillo.
Un colchón que gime (y ríe),
la lluvia sobre un universo que se esconde
debajo de tu pelo mojado (y mi chaqueta negra),
las manos inquietas que se rebelan
porque no quieren más ausencia
que el espacio que queda entre mis dedos tocando tu piel.
Bajar la escalera (y subirla),
Peter Pan,
una lengua traviesa que habla al oído.
Un trozo de tarta (de café) y el mar.
Soñar.
Adictividad.
La vida.
Me basta.
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