Hay días en los que llueve tan fuerte
que ni siquiera moja.
Días en los que las nubes miran amenazantes
sin fuerzas para hacer reventar sus entrañas
y sólo pasan de largo con los ojos tristes,
mientras el viento las mira lánguidamente
sin entender porque no quieren jugar con él.
Hay días en que las nubes me arropan antes de dormir
y guardan la tormenta para mi,
esperando el momento en que lluevan mis manos
y, al fin, pueda ver caer las gotas a través de la ventana.
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