No hay monstruos bajo la cama.
En realidad, nunca los hubo.
Sólo fantasmas nacidos de imaginar su ausencia
Del mundo que ella misma había dibujado
Con mis dedos.
Sólo había huecos que se desvanecian
Cuando, a 36 minutos,
Ella imaginaba donde estaría yo y que estaría haciendo
En ese mismo momento en que mi recuerdo
Cruzaba temerario por su cabeza.
Entonces era cuando sonreía de esa manera
En que sólo ella sabe hacerlo,
Echando de menos algo
Que ni siquiera sabía que ya estaba sucediendo.
En un cajón había recuerdos de ella,
Cuando vestía de gris
Con una niña en la cintura
Moviendo la mano en señal de despedida
Al tiempo que sus labios susurraban
"vuelve pronto",
Ya no hay monstruos bajo la cama.
Sólo un largo camino de 400 años
Y varias vidas en juego
Que ha llegado a su fin,
Para parir uno nuevo
Dibujado a cuatro manos.
Ahora los monstruos y los fantasmas
Son libélulas azules sobre las que montamos
Pintando el cielo de colores que aún ni siquiera existen.
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