A veces, aún me asusto cuando se apagan las luces y no te veo.
Salto de la cama como un gato asustado para oírte respirar
en el silencio de la noche junto al crujir de las sábanas de colores
que elegí para ti, pensando que cuidarían tus sueños.
Vuelvo atrás sabiendo que no será la última de la noche.
Me enamora el sonido del aire que sale de tu boca
susurrando los sueños que nunca me cuentas.
Acaricio cada uno de los dedos de tus manos,
siempre cálidos, acogedores,
que despliegan su efecto tranquilizador
como un valium natural cargado de efectos mágicos.
Me acurruco en sueños en el hueco que dejan tus rodillas dobladas
para dormir en paz contigo y con la voz que dentro de mi cabeza
recita tu nombre.
Duerme tranquila.
Sueña feliz.
Sonríe.
Vive.
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