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lunes, 23 de enero de 2017

El alma llena de flores

Observaba la puerta con la mirada fija, mirando más allá de la madera, como si sus ojos fuesen capaces de desmenuzar cada uno de los átomos que la conformaban y atravesarla para no perder un solo detalle de lo que había buscado con un ansia nunca satisfecha. Giraba la cabeza hacia un lado y otro de la habitación, midiendo las distancias que lo separaban de cada una de las paredes, del marco de la propia puerta y de aquella por la que había entrado. Todo había adquirido un color indescriptible, tan pronto predominaba el dorado como el rojo lo ocupaba todo o un intenso morado se ocupaba de no dejar hueco a nada más.

En sus oídos no paraban de resonar las mismas palabras -¡Entra ya!- , ¡Entra ya!-....Gritó súbitamente, de forma incluso inesperada para él mismo. Fue un grito animal, salido del último rincón de las visceras que le venían quemando desde que la memoria le alcanzaba. 
¿Por qué no paro de temblar? 



Otra vez la lluvia, otra vez el mismo olor a humedad y a tierra, a barro, a madera mojada....y a flores.
Otra vez la misma imagen en el reverso de los párpados, otra vez los ojos apretados y la sonrisa en la boca, dura al principio, que se suaviza lentamente conforme el oxígeno que entra en sus pulmones le asegura que aquello que una vez imaginó que sucedería, no tenía otra posibilidad que suceder. Recordaba a la niña al tiempo que su mano apretaba el pomo de la puerta. La vio sentada en el suelo, con el cabello negro lleno de rizos indomables, con la mirada fija en él, mezcla de inocencia, ilusión y la sabiduría de quien ya ha visto mucho más de lo que le corresponde. Pero sus labios siempre dibujaban una curva hacia arriba y sus dientes asomaban, blancos, entre los labios carmesí de una boca que parecía dibujada por el pincel más exquisito. Estaba descalza y sus pies rollizos se movían, incapaces de sujetarse a sí mismos siquiera unos minutos. Tenía la cara llena de churretes y eso la hacía áun más hermosa.

Una astilla se clavó en la palma de la mano izquierda, justo allí donde solía apretar fuerte cuando se sentía perdido. No la notó siquiera hasta pasados unos minutos en los que parecía estar reuniendo fuerzas para empujar la última barrera que debía atravesar. De repente, a su mente acudieron las primeras frases de una canción que había olvidado tiempo atrás. Y comenzó a reir, en voz baja, como si se sintiera observado de repente por una multitud extraña. Pero siguió haciéndolo. Cada vez más fuerte, cada vez más libre, cada vez más liberado del peso del camino recorrido hasta llegar allí. Cuando su risa atravesó las paredes, la puerta se abrió.

- Por fin, ahora sé que has llegado. 

martes, 17 de enero de 2017

Si no es ahora...cuándo? Si no es aquí... Dónde?

Recorrer el mundo en tres etapas,
Dibujar la circunferencia de la Tierra 
Mordiendo sus caderas,
Caer al suelo y levantarse mojado
Con una sonrisa extraviada.

Soñar una playa y la arena en los zapatos,
Una estrella puesta por nuestros dedos
En el punto más lejano del cielo para verla desde cualquier parte,
El sol que se disfraza de luna para
Invadir las mañanas grises 
Bañadas de polvo blanco.

Iluminar una vida (o dos, o tres...)
Era lo que hacían sus ojos cuando miraban
Sin pensar en lo que vendría después.

Nunca hubo invierno más cálido 
Que aquel en que empezamos 
A nevarnos despacito. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Palabras.

Palabras.

Palabras que esconden más que las letras que las conforman.
Palabras que alumbran las noches oscuras
y refrescan los días asfixiantes de verano,
o calientan los domingos por la tarde de un mes de enero cualquiera,
de un invierno en que el termómetro siempre estuvo en rojo.
Palabras escritas que suenan como un grito o un mordisco en las orejas,
como una caricia en el cuello o un leve roce en las palmas de las manos,
que erizan la piel como la lengua que recorre todos tus huecos
y que sacan lágrimas brillantes en los ojos que miran ansíosos.

Hay dos tipos de palabras.
Las que ella pronuncia
y las que guarda.

lunes, 2 de enero de 2017

Nunca más que lo imposible

De repente los sueños se quedaron cortos. 

Las calles acarician tus pasos
Pero paseas como si no volvieras de dar la vuelta al mundo,
De desnudarte y dejar tiritando a los espejos
Y la cama rebosante de besos.

Caminas como si descubrieras una aventura 
Que ya conoces,
Como quien cuenta cuentos a un niño que los escucha 
Por primera vez de tus labios.
Como si supieras que el final de la historia 
Es que no tiene más final
Que donde tus manos tiemblan 
Dibujando un nuevo comienzo sobre la piel de mis muslos.

36 minutos es el tiempo que tardas en recorrer la vida,
O la vida, o sea mis labios, en recorrerte entre temblores,
Desde aquella noche de un año que acabó en cinco
En que amaneciste el día añadiendo (te) a mis verbos nunca conjugados 
Porque nunca más fueron los mismos.