Vistas de página en total

lunes, 15 de enero de 2018

Cuando la tierra era plana

Cuando la tierra era plana (porque sí, porque la tierra antes era plana hasta que de un bostezo se dio la vuelta sobre si misma y se quedó con forma de pelota de goma), el agua caía por los lados formando cataratas que convertían el universo en un vergel de estrellas, constelaciones, lunas, planetas, cometas y algunos astronautas que, decidieron no regresar cuando encontraron aquel juego perpetuo.

Cuando la tierra era plana, las personas no tenían miedo a caerse ni andaban cabeza abajo. Los peces saltaban en constantes piruetas sobre la espuma blanca de las olas desafiando a las sirenas en una competición de altura (siempre ganaban los peces porque a las sirenas les gustaba ver como se les ponían los ojillos rojos cuando se estiraban hacia el cielo). Las aves volaban alto, incluso se posaban a descansar en los rayos del sol que se extendía ante ellas, como refugio y reposo, principalmente en los meses en que el invierno soplaba fuerte (el invierno es una nube gigante que echa aire frío por la boca hasta que se agota y se vuelve a casa a coger fuerzas, que es cuando la primavera aprovecha para hacerse fuerte).

Cuando la tierra era plana, estaba llena de árboles y los ríos siempre rebozaban de agua. Los bosques silbaban canciones, sobre todo durante el otoño, mientras iban colocando sus hojas en el suelo construyendo un mosaico perfecto. La nieve era dulce y se dejaba morder, y los duendes blancos construían muñecos de nieve durante la noche para que los niños jugaran.

Cuando la tierra era plana, yo volaba de punta a punta y bebía el agua que caía por cada extremo. Me sumergía en la profundidad del mar para conversar con los tritones y esconderle el tridente a Poseidón, quien siempre simulaba que se enfadaba muchísimo pero los días en que no lo hacía preguntaba si nadie iba a cogerlo.

Un día la tierra bostezó. Era la primera vez que ocurría y ninguna de las criaturas que la habitaban supieron reaccionar. Algunas cayeron al espacio y se quedaron flotando para siempre, sin rumbo, sin luz, sin destino. Otras se escondieron bajo el fondo del mar y se declararon extinguidas a sí mismas para que nadie las asustara de nuevo. Los duendes dejaron de fabricar muñecos para los niños que, cuando dejaron de verlos empezaron a crecer y se hicieron adultos llenos de dudas, miedos y recelos. El sol dejó de ofrecer abrigo y calor para ocuparse sólo de defenderse de lo que tenía alrededor.

Yo perdí el color de mis alas.  Y, a veces, no recuerdo como se utilizan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario