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viernes, 12 de enero de 2018

Nunca fuimos tú y yo

Así era, torbellino de emociones,
marea blanca que baña de espuma 
las orillas de los caminos 
que recorría de memoria.
De mirada entrante y paso firme
que tiembla a cada latido,
de piel cálida que congela cada hueco en que no está.
Entre sonrisas, alguna lágrima le asoma 
cuando se emociona al vivir
aunque a ella nadie la ve nunca llorar.
De pan caliente, que rebaña 
hasta el ultimo suspiro de vida que queda en el plato
antes de llevarlo a mi boca para comérselo todo,
-que hay mucha hambre y la comida nunca se tira -,
de comer a dos manos los dedos de nuestras manos zurdas, 
de caernos hacia atrás para sentirnos más altos que nunca,
niña menguante, que crece a cada sonrisa 
mientras tu nariz un día llega a mi hombro 
y al instante siguiente a mi boca, 
-tantos años esperándote-
para llenarla de besos 
y vaciarla de vacíos.

Así ella dejó de ser de ella, para pasar a ser tú.
Tú, que duraste el tiempo que tardé 
en mirar a través de la puerta por la que entrabas,
te convertiste en nosotros al mirar por el cristal de una ventana.
Yo, que dejé de ser él, para pasar a ser yo.
Yo, que duré el tiempo que tardaste en mirar desde la puerta por la que entrabas,
me convertí en nosotros al mirar por el cristal de la ventana
por la que tú mirabas.

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