Y al abrir la puerta...
Contaban las vecinas de su calle que la encontraron en una cesta debajo de las sillas de un cine. Lloraba con rabia a la vida, con el alma asomándole entre los dientes y los ojos rojos. Buscaba su sitio y quería hacerse notar. Nació gritando, quizás por eso cuando se hizo mayor se olvidó de como se hacía. Era distinta, tenía la historia de la Tierra escrita en sus ojos y la curva del mar en los labios. Brillaba, de una manera tan auténtica que nunca fue consciente de que lo hacía.
Adoraba correr descalza por las calles y miraba fijamente las tapas de los libros antes de abrirlos y devorarlos, reteniendo párrafos e información completamente heterogenea y aparentemente desconcertante por la carencia de un nexo común.
Se sentaba en el bordillo de la acera a comer salchichas crudas y a jugar con los gatos. En cierto sentido, se sentía uno de ellos. Se revolcaba con los más pequeños llenando su piel de polvo y arañazos. Y sonreía. Sonreía constantemente, por todo y a todos.
Le gustaban los días de lluvia y amaba los lunes por la mañana.
Aquella noche había estado mirando por la ventana como se formaban los charcos en los bordes de la calle, y se sentía inquieta. Miraba el reloj de forma compulsiva y tarareaba una vieja canción una y otra vez. Su cuerpo presentía que iba a pasar algo aunque ella no entendía por qué no se sentía capaz de sentarse treinta segundos seguidos. Al fondo, la luna intentaba abrirse paso entre el ejercito de nubes que seguía arrojando agua al mundo.
Empezó a temblar repentinamente y saltó de la silla sintiendo un impulso irrefrenable de abrir la puerta. Llegó hasta ella y giró el pomo con violencia, incluso con ansía...detrás sólo la lluvia y los primeros rayos de luna que consiguieron filtrarse hasta el suelo... Se rió de si misma, y volvió dentro luchando contra el instinto que le pedía correr por las calles y llenarse de agua y barro. Se sentía completamente animal en ese momento, su corazón latía cada vez más rápido y su respiración se aceleraba, hinchando y y deshinchando su pecho. Quería salir de allí, encontrar aquello que hacía que sus pupilas hubieran empezado a dilatarse, sentirse primaria y viva como cuando era loba y corría libre por los bosques.
Perdida en ese delirio vital, sonó la puerta. La lluvia caía fina y suave, y la luna, por fin, se había hecho dueña de la noche. Sus músculos se tensaron y respiró profundamente. Sabía que el momento había llegado. Desde que tenía 9 años y subió al coche rojo que estaba aparcado en la esquina, sabía que esto iba a suceder. Pero, ¿qué es esto en realidad?, ¿qué llevo toda la vida esperando?. Su cabeza bullía entre innumerables preguntas para las que no encontraba respuesta. Las miles de páginas leídas, subrayadas y llenas de anotaciones por las que había viajado en cientos de libros, no le daban ninguna respuesta que calmara su ritmo cardiaco. Se acercó a la puerta, despacio, sin saber cuanto tiempo había transcurrido desde que escuchó el primer golpe. Segundos u horas, pensó....mientras repasaba toda su vida detrás de sus córneas. Agarró el pomo y antes de abrirla del todo escuchó por primera vez una voz que conocía desde siempre...
"Ya estoy aquí. No volveré a irme de tu vida salvo que tú lo quieras."
Cap. 2: ya no hay monstruos bajo la cama.
Clap, clap, clap....sonaban sus pisadas sobre las calles mojadas de una ciudad cualquiera. Clap, clap, clap....sonaba la lluvia sobre los charcos rotos a cada paso que daba. Clap, clap, clap....resonaban en sus oídos cada gota que golpeaba su cabeza.
Apenas unas débiles luces alumbraban las calles. Lo suficiente para no chocar en cada esquina al mismo tiempo que no le permitían identificar donde se encontraba. Tampoco parecía importarle demasiado. Sabía donde quería estar pero desconocía el camino. Seguía firme, con los ojos apretados mirando hacia delante a pesar de los interrogantes que surgían al doblar cada esquina. Sus dedos se cerraban en sus manos cada vez con más fuerza y sentía como se clavaban las uñas en las palmas hasta notar el calor de la sangre que empezaba a brotar. Le gustaba. Le hacía sentirse vivo.
Empapado, con la ropa pegada a la piel como parte de ella y los huesos calados, se sentó en un escalón donde parecía que la tormenta había decidido guardarle unos segundos de tranquilidad. Allí volvió a pensar en si volver atrás... No, en su pecho latía una determinación y un convencimiento que ninguno de los miedos que habían bailado a su alrededor consiguieron siquiera hacer temblar.
De repente, oyó un ruido y vio un gato correr. Pensó en bombón sin ser consciente durante unos segundos. El gato bombón se escuchó decir en voz alta....y comenzó a reír a carcajadas, con la fuerza del que descubre por primera vez el poder de la risa. Vine para quedarme, sentenció, hablando para sí mismo y para quien llevaba tanto buscando. Volvío a experimentar el calor de la sangre en las palmas de las manos al clavar sus uñas en ellas.
Se levantó lentamente del escalón y clavó los ojos al final de la calle donde se encontraba. Había una pequeña ventana tras la que brillaba, suavemente, una luz diminuta (una luciérnaga azul aleteó dentro de su cabeza) que dibujaba siluetas desconocidas que al mismo tiempo eran las mismas que se le llevaban apareciendo en sueños desde hacía 400 años. La bombilla de una farola soltó un gemido y antes de explotar reflejó su sombra entre los desconchones de la pared. Si alguien hubiera estado observando, hubiera visto dos alas de color azul que sólo su sombra desplegaba mientras el se secaba la cara con las manos ajeno a lo que ella hacía.

Sabía que era esa puerta a la que debía dirigirse. Que detrás de ella empezaría a encontrar preguntas a las respuestas que ya tenía. Sólo en ese momento, a su garganta subieron palabras que no tuvo fuerza para pronunciar aún sabiendo que no lo escuchaban más que sus propios miedos e ilusiones (que, a veces, coinciden y se reflejan, y se cogen de la mano para decidir cual de ellos decide lo que somos).
Empezó a caminar, tembloroso, pero con la firmeza de no dejar la vida pasar sin pasar antes por ella. Estaba allí, había encontrado el lugar y pensaba atravesar la puerta incluso con todos los miedos colgados de sus brazos (o bien, saltar por encima de ellos a piola, como cuando no existían). A cada paso, sus piernas pesaban más y su respiración se volvía más acelerada y densa a la vez. Los primeros parecían fundirse en el asfalto de la calle del esfuerzo que le suponía despegar los pies del suelo. El segundo resultó más fácil que el primero y al tercero ya no sentía siquiera el roce. Con cada uno, el peso de sus brazos iba haciéndose más liviano y en su garganta se arremolinaban, sin parar de girar, emociones que nacían del centrifugado que sentía en la boca del estómago.
Llegó por fin a la puerta. Justo al lado, un coche rojo. Con la mano temblorosa, se decidió a llamar. Al otro lado unas pisadas le anunciaron que, sin ninguna duda al respecto, había encontrado el lugar y a la persona que buscaba (¿qué son 400 años en 10000 vidas?). La puerta se abrió ligeramente para dejar entrever unos ojos que miraban con toda la profundidad del universo y todo lo que había alrededor quedó difuminado como en una fotografía lo que está fuera de foco.
Miró despacio, con miedo a no ser reconocido y a recibir un adiós antes de que sus ojos pudieran grabar en su memoria ese momento. Vacilando todavía por la sorpresa, comenzó a hablar.
- Ya estoy aquí. No volveré a irme de tu vida salvo que tú lo quieras.
La puerta se abrió del todo y sonrió.
Cap.1: ya no hay monstruos bajo la cama.
A veces, sentimos que no sale el sol porque hemos olvidado descorrer las cortinas.
Decidí saltar de la cama y me envolví en ellas, dejando que la luz inundara la casa. Tejí un tobogán de rayas con sus colores y lo colgué de mi ventana (aún no os lo he contado, pero tengo una ventana mágica en casa). Desde allí me deslicé pensando fuertemente el lugar en el que quería aterrizar.
Al abrir los ojos estaba lleno de barro, mojado de tierra y medio enterrado entre raíces, piedras y hojas secas. Un árbol me miraba curioso.
- Por fín, llevaba mucho tiempo esperándote.
- Lo siento, me entretuve jugando por el camino.
- No....Eso es lo que has dejado de hacer y tienes que recuperar. Y me dió una mochila vacía con una pluma azul en el fondo. Ya sabes lo que tienes que hacer, vuelve a llenarla.
Obediente, me tumbé entre sus enormes raíces y me convertí en un ovillo de mi mismo (como los gatitos al dormir), relajé las manos, cerré los ojos y comencé a observarlo todo.
Me dejé caer por mi garganta, no sin sorprenderme antes de lo dificil que es caminar sobre la lengua. A punto estuve de resbalarme, pero usé las paredes de mis pulmones para clavar mis dedos y evitar la caída. A lo lejos escuché unos latidos que reconocí como míos. Allí tenía que ir.

Al aproximarme, me encontré con una pequeña hada. Me miró, con una mezcla de tristeza y esperanza, para decirme..Llegaste, necesito que me lleves contigo y me acerques al corazón. La abracé suavemente, sorprendido por lo poco que pesaba y el poco calor que desprendía. Perdóname, perdóname, perdóname...siento haber dejado que esto pasara. A veces, crezco sin darme cuenta y olvido el camino. La besé en la frente y volví a sentirme saltar en los charcos de lluvia. Empezó a brillar lentamente, su calor fue aumentando y sus alas cobraron vida. Mi mochila empezó a hincharse y entre las costuras empezó a asomar el azul de todas las plumas que nos hacen volar desde que el mundo nació. Los dos sonreímos mirándonos con una atracción magnética, irrefrenable, absolutamente vital. Y temblando, nos abrazamos, como la primera vez, como cada vez que lo hacemos, como siempre que juntamos las caritas y nos convertimos en cíclopes.
A veces, sentimos que no sale el sol porque olvidamos descorrer las cortinas.
PD: Gracias por recorrer el universo para llenar mi mochila.
Mientras el último rayo de la luz del día cruza la puerta de tu habitación, me asomo, temeroso al umbral, para ver caer sobre tu mejilla caliente un mechón de tu flequillo. Lentamente, sorteando dragones, princesas y príncipes, castillos en las nubes y algún gnomo despistado que se queja de que lo he pisado, llego al borde de la cama para darte el que pienso será el último beso antes de volver a verte (luego lo acompañan una ristra interminable hasta el amanecer). Agarro tu puño cerrado que aprieta el aire que compartimos y alguno de nuestros secretos dichos al oído, y bendigo cada segundo que te escucho respirar, mirando al cielo desafiante. "No te atrevas a dejar que se apague el brillo de sus ojos".
En el camino de vuelta, me tropiezo con una princesa que me salva de un dragón y un príncipe que me invita a tomar la merienda mientras ella vuelve a casa. LLega a los pocos instantes con el dragón agarrado de la mano. Se han hecho amigos y tomamos vino para celebrarlo, mientras el dragón, con un pequeño suspiro, enciende el fuego de la chimenea. Cantan canciones, inventan historias y me dicen que elija un sueño, que es su regalo de bienvenida. Cuando mis labios empiezan a abrirse para pronunciarlo, me dicen que no hace falta, que al nacer, cambiaron mi pecho por un trozo de cristal y que es un sueño precioso. Lo estás viviendo, dijeron, y sólo estas (estamos) empezando a hacerlo...
Me bato en retirada al abrigo de mi cama, y siento en ella como sus manos agarran las mías y mis pies se mezclan con los suyos, que son los tuyos, "arrebujaitos".
Tenías razón, sólo estamos empezando....
https://www.youtube.com/watch?v=UawC_d7I_5c
"Mírala dormir, no vamos a ver algo más lleno de magia en nuestra vida.
Mira su boca, sonríe como el primer día que descubrió el placer de
encontrarse de nuevo en casa. Su cuello huele a pan con chocolate y sus
muslos son calientes, dulces y salados al mismo tiempo. Acabo de avivar
el fuego para que nunca más sienta frío. Ahora debo salir a buscar el
color de mis alas. Una vez preguntó, si no es aquí ¿dónde?, si no es
ahora ¿cuándo?. Cuando despierte dile que en todas partes y siempre.
Volveré al amanecer."
"Allí estaban sentados al borde del precipicio con la eternidad como
horizonte y les parecía corto el tiempo que tenían por delante.
-Debo irme, le decía.
-Vale, pero quédate para siempre. -Nunca me
marcho, lo sabes.
-Lo sé, te siento a mi lado cada momento. Pero...no te
vayas, cachitos de alma se van contigo y no vuelven hasta que regresas.
-La mía se queda aquí, al abrigo de tu abrazo. Pero debo irme.
-Lo sé, pero quédate para siempre.
Y cachitos de alma vuelan cada noche por el cielo señalando el camino
de regreso al hogar, como migas de pan con chocolate, como libélulas
azules que sueñan con ser supernovas".
Cierra los ojos para verlas.
https://www.youtube.com/watch?v=wNI3ZOnq7Ro
Sshh! Le decía al oído. No hables, no hace falta romper el silencio. La
primera palabra la dicen los ojos y, a veces, eso basta.
Los viejos del
mundo dicen que hay ocasiones en que dos personas se conocen y hablan
toda una vida antes de verse por primera vez. Dicen, además, que se
abrazaron antes de conocerse. La última vez que los vieron, se estaban
asomando a un precipicio. Estaban agarrados de las manos y sonreían.
Llamaban la atención esas sonrisas porque estaban saltando al vacío sin
dejar de mirarse.
Y...bueno, esto no se lo digas a nadie...,se marcharon
volando...
Porque sueña que ella sueña con él....entre gotas de lluvia y
ensoñaciones transcurría la noche descompuesta en una paleta de colores
infinita. Rojos, verdes, azules, amarillos y todo tipo de rosas nos
alumbraban al tiempo que difuminaban nuestras siluetas.
Al mismo tiempo
el tipo del traje no paraba de cantar spnb sólo para nosotros y para el
recuerdo de la visita a las calles de tu infancia. Mis manos se
deslizaban suaves por los bolsillos de tus vaqueros rotos al tiempo que,
con disimulada indiferencia, entrelazabas tus dedos a los míos.
Dios
esbozó una sonrisa al dibujar la escena.
Y tú estabas allí, los dos lo
sabíamos y lo sentíamos en las yemas de los dedos y en los pies (porque
el amor está en los pies), y también estabas aquí y en ese allí donde
estas ahora para estar también y, al mismo tiempo, en este lugar
escribiendo esto conmigo. ¿Qué cómo es posible?. Magia, ya lo sabes,
¿qué si no?. De la misma forma que llevamos durmiendo juntos cada noche
incluso desde antes de nacer o de la que esperé a leer a Cortazar 37
años más de lo que se merecía.
Somos los únicos miembros de una sociedad secreta....
https://www.youtube.com/watch?v=WPHk2fuGMzs
Nadie hablaba de el mientras acudía diariamente. Se sentaba, hablaba
poco, escuchaba a todos, a veces, sentía la tentación de encender un
cigarrillo aunque no le gustase fumar. Le gustaba pensar que alguien le
ofrecía un whisky con hielo. Miraba a los ojos de todos, reía
intensamente e incluso en ocasiones lloraba de emoción cuando el corazón
le galopaba en el pecho. A ratos cantaba en voz baja. Desbordaba
entusiasmo a cada paso que daba. Ojalá lo hubieran visto antes. Ojalá
alguien se hubiera acercado a decirle que no dejara de ir, a ponerle ese
vaso de whisky en la mano mientras él, flojito, leía alguna poesía para
si mismo y los que estaban cerca lo observaban expectantes porque los
hacia vibrar sin que entendieran los motivos. Ojalá esa persona que
siempre se sentaba al lado le hubiera dicho que la vida era especial
desde que sin esperarlo, apareció allí, que nunca se fuera solo porque
los días en que no estaba parecían huecos. Ojalá le hubiera cogido la
mano y le hubiera hecho sentir que la felicidad podría tener su nombre
si hubiera decidido acompañarlo.
Pero no lo hizo.
Se hizo amigo
de las huellas del camino de vuelta a casa, del viento que soplaba y
juguetón, le hacía estornudar. De algunas estrellas y de la oscuridad de
la noche.
Un día dejo de ir. Era feliz, había llegado hasta allí
viviendo intensamente cada instante, jugando como un niño de cinco años
con la nieve recién caída. No tenía deudas consigo mismo y sí lleno el
tarro de ilusiones.
Desde ese día nada volvió a ser lo mismo.
Algunos llenan vasos de whisky y no encuentran a quien ofrecérselo, hay
manos que encienden cigarrillos que ninguna boca llega a fumar. Las
cabezas se giran creyendo oír tararear canciones que conocen aunque no
saben de qué. Incluso hay quien cree oír al viento recitar poesía.
Todos acaban mirando el hueco vacío donde antes una sonrisa y unos ojos
cargados de entusiasmo les invitaban a exprimir la vida sin que se
atrevieran.
Estaba columpiándose entre las estrellas y saltando de una a otra con
una sonrisa perpetua. Sabía que si no llegaba y se quedaba a medio
camino, podía volar y alcanzar su objetivo.
- Sshh! ¿Sabes qué estás
haciendo? Te vas a caer y te vas a hacer daño o, peor aún, te vas a
matar. Para de jugar y deja de comportarte como un niño. Crece de una
vez!.
Se quedó parado mirando a la siguiente estrella y giró los
ojos hacia los de su avisador. En los ojos de éste había un fondo de
tristeza, de dolor por la pérdida de la inocencia, de resentimiento
hacia si mismo....volvió a mirarlo, lo cogió de la mano y sonrío. Dentro
de ti hay un niño que quiere saltar conmigo, le dijo.
Los dos
cruzaron las manos y saltaron. Dejaron atrás un disfraz impostado que
había tratado de robarle los sueños, una piel hueca y muerta, seca y
quebradiza.
Ahora riegan de polvo de estrellas y risas cada rincón del universo.
Toma mi mano...saltas conmigo?
Sin mayor pretensión que responder a un (inexplicable, por otra
parte) entusiasmo manifestado por dos personas que disfrutan con las
pequeñas locuras que conforman los impulsos que, a veces, me llevan a
vomitar pequeños relatos, poemas e incluso algún cuento, he decidido sin
pensarlo demasiado (porque si no este pequeño proyecto se quedaría
escondido en uno de los cajones que guardamos en las tripas) comenzar a
escribir este blog. No sé ni cuando ni como cuanto escribiré, si será
parte de mi presente, mi pasado o mi futuro, o si habrá alguien que lo
lea en alguna ocasión. En realidad, me sonrojo mientras escribo ésto
porque me cuesta creer que a alguien más que a mi le interesen mis
locuras.
Este lugar no pretende ser más que un pequeño reducto
donde guardar aquello que me sale de las tripas y a lo que necesito
ponerle letras para sobrevivir. Si a cualquiera de los que paséis por
aquí, de casualidad o incluso intencionadamente,os apetece quedaros un
rato, compartir todo lo que se os pase por la boca del estómago o
aquello que os haga emocionaros o temblar, tomad asiento donde os
resulte más placentero y servíos algo.
Llegado el caso, si alguna vez os
apetece repetir el paseo hasta aquí, seréis recibidos con el mismo
cariño y entusiasmo que la primera vez. A lo mejor, hasta con más.
Sólo
os pido un pequeño favor, sed benévolos y dejad el cerebro en el
guardarropa. Cuando se atraviesa el umbral, todos pasamos a tener 5 años
(como ocurre siempre que nieva), y dejad de razonar. Empecemos a
corazonar.