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viernes, 28 de octubre de 2016

Mis cortinas son de rayas de colores...

A veces, sentimos que no sale el sol porque hemos olvidado descorrer las cortinas. 
Decidí saltar de la cama y me envolví en ellas, dejando que la luz inundara la casa. Tejí un tobogán de rayas con sus colores y lo colgué de mi ventana (aún no os lo he contado, pero tengo una ventana mágica en casa). Desde allí me deslicé pensando fuertemente el lugar en el que quería aterrizar. 
Al abrir los ojos estaba lleno de barro, mojado de tierra y medio enterrado entre raíces, piedras y hojas secas. Un árbol me miraba curioso. 
- Por fín, llevaba mucho tiempo esperándote. 
- Lo siento, me entretuve jugando por el camino.
- No....Eso es lo que has dejado de hacer y tienes que recuperar. Y me dió una mochila vacía con una pluma azul en el fondo. Ya sabes lo que tienes que hacer, vuelve a llenarla.

Obediente, me tumbé entre sus enormes raíces y me convertí en un ovillo de mi mismo (como los gatitos al dormir), relajé las manos, cerré los ojos y comencé a observarlo todo.
Me dejé caer por mi garganta, no sin sorprenderme antes de lo dificil que es caminar sobre la lengua. A punto estuve de resbalarme, pero usé las paredes de mis pulmones para clavar mis dedos y evitar la caída. A lo lejos escuché unos latidos que reconocí como míos. Allí tenía que ir.



Al aproximarme, me encontré con una pequeña hada. Me miró, con una mezcla de tristeza y esperanza, para decirme..Llegaste, necesito que me lleves contigo y me acerques al corazón. La abracé suavemente, sorprendido por lo poco que pesaba y el poco calor que desprendía. Perdóname, perdóname, perdóname...siento haber dejado que esto pasara. A veces, crezco sin darme cuenta y olvido el camino. La besé en la frente y volví a sentirme saltar en los charcos de lluvia. Empezó a brillar lentamente, su calor fue aumentando y sus alas cobraron vida. Mi mochila empezó a hincharse y entre las costuras empezó a asomar el azul de todas las plumas que nos hacen volar desde que el mundo nació. Los dos sonreímos mirándonos con una atracción magnética, irrefrenable, absolutamente vital. Y temblando, nos abrazamos, como la primera vez, como cada vez que lo hacemos, como siempre que juntamos las caritas y nos convertimos en cíclopes.

A veces, sentimos que no sale el sol porque olvidamos descorrer las cortinas.

PD: Gracias por recorrer el universo para llenar mi mochila.

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