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sábado, 19 de noviembre de 2016

De vuelta a casa

Sólo se interponía una puerta entre ellos. Tantos pasos dados, tantos caminos recorridos, tantas vueltas sobre sí mismos y, por fin, sólo esa puerta para descubrir aquello que,sin saberlo, habían estado buscando todas sus vidas.(Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos").

La noche había teñido de negro un cielo preñado de nubes azules y rojas, como las que dibujaba el horizonte desde la ventana a través de la que siempre se ve el infinito . Los pies se habían agarrado a las raíces del suelo, allí donde termina la tierra y las calderas del mundo no paran de inventar historias nuevas para que siga girando. Se sentían a través del hueco de una cerradura que nunca tuvo llave que la mantuviera echada. Extendían las manos y chocaban contra la madera sin terminar de atreverse a cruzarla. No hay momento más difícil en la vida del ser humano que aquel en el que tiene que tomar la decisión de ser feliz y vivir lo que ha soñado.

Rompió a llover de nuevo. El sonido del agua contra los cristales se convertiría en algo similar a una banda sonora orquestada por la misma naturaleza de una historia donde la magia está en las palmas de las manos. Del interior de la casa salía el eco de unos pasos caminando en diferentes direcciones, nerviosos, rápidos, como los de quien sabe donde debe dirigirse pero teme llegar demasiado pronto o demasiado tarde. Poco a poco el silencio volvió a ocuparlo todo. No hubo más lluvia ni viento que arrastrara las flores moradas de los árboles. Las estrellas dejaron de alumbrar conteniendo la respiración y todo fue oscuridad durante unos minutos que explicaron aquello para lo que nunca había habido explicación. La fotografía de un electrocardiograma había pintado anticipadamente lo que ocurría desde que el mundo decidió empezar a girar en sentido contrario. 
La puerta se abrió y dos cuerpos parados frente a frente se confundieron entre temblores, abrazos, palabras antiguas que sólo a partir de ahí empezaron a a tomar significado, miedos y la convicción más absolutamente plena de que,a veces, los sueños se iban a quedar cortos.

Durante el tiempo que duró ese instante, se sucedieron todas las estaciones. Florecieron los cerezos y cayeron los primeros copos de nieve sobre dos niños de 5 años. Su boca sólo podía pronunciar la misma frase que al llegar ante la puerta..."ya estoy aquí, no volveré a irme".

Cuando las flores de los cerezos empezaron a caer, sintió sus brazos deshaciéndose de su piel. Y antes de poder abrir los ojos escuchó el sonido de una puerta cerrándose a su espalda y una voz que hablaba desde el otro lado.... Sólo era capaz de pedirle perdón en silencio por haber querido llegar antes y no haber sabido hacerlo. 

Antes nos buscábamos solos, ahora nos buscamos en nosotros.

Cap.5: Ya no hay monstruos bajo la cama. 

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