A veces, tengo miedo, se decían.
Y se giraban entonces para mirar en la misma dirección y sentían que alguien sonreía. Una niña pequeña se abrazaba a ellos, apretando la cara contra los muslos de ambos. Una lágrima violeta les recorría las piernas con tal intensidad que su calor traspasaba la carne y les tocaba la piel. Incluso notaban su sabor salado en la punta de la lengua. Tenía la cara traviesa, con una sonrisa eterna y desafiante, el pelo negro, revuelto y medio ensortijado que hacía juego con una piel morena que recordaba y olía a pan tostado los domingos por la mañana. Se subió a sus hombros y saltaron por la ventana envueltos en un torbellino de luces de colores. La niña reía sin parar contagiándolos, haciéndoles recordar que vivir es tener 5 años en cada momento. Aterrizaron en un colchón de nieve sobre el que caminaron descalzos, sumergiéndose en ella y buceando descubriendo nuevos caminos. Cuando abrieron los ojos no podían apartar la mirada. La niña se había ido dejándoles un abrazo marcado alrededor de ellos, en sus piernas, sus hombros, sus manos...allí donde les había rozado, su presencia había quedado tatuada para siempre. "Estoy aquí, yo os he traído al mundo a través de un viaje que estaba escondido en el baúl secreto de los sueños. Ya está abierto, vivid y soñad.....Hay historias y momentos inexplicables, historias que dibujamos en nuestra imaginación con la fuerza y el calor de 10.000 soles, volando a través de sus rayos, dibujando caminos y coloreando el horizonte con ellos. Nunca olvidéis lo que sois...y si lo hacéis, cerrad los ojos y yo os hablaré al oído. Cuando sonríais sin motivo, cuando sintáis una descarga que os hace flotar....ahí estoy yo. Y yo, soy vosotros."
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