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viernes, 23 de noviembre de 2018

El hilo rojo

La leyenda del hilo rojo
Que une el destino
Y la vida de 2 personas 
En un ovillo enredado 
Cargado de nudos,
Revueltas y lazos, 
Rayuelas y poemas 
Pintados en la pared 
Y en los cristales, 
Nació en el espejo
Retrovisor
De un coche del mismo color
Donde se clavaron 
Unos ojos de niña
Y una mirada temblorosa, 
Que sin saberlo
Adivinaba que el extremo del hilo
Había encontrado su otro extremo. 

lunes, 15 de octubre de 2018

Se llenaron de flores

Cuando me preguntan
se me queda la mirada ausente 
y los ojos clavados en el infinito,
pintando soles y dibujando nubes 
en un cielo recien parido.
 
...y es que desde que llegaste
los desiertos se llenaron de flores.

lunes, 8 de octubre de 2018

La vuelta a casa

Llega el otoño y -nosotros- celebramos la nochevieja
dándole la bienvenida a un nuevo año.
Todo huele a libros nuevos, tierra, hojas caídas,
lápices de madera, pegamento y a ese calor que
decide hacerse resistente en las casas cerradas 
durante los periodos vacacionales.

Pensábamos en volver a casa, abrir las puertas
y mirar el polvo que flota en suspensión atravesado
por los rayos de sol que las ventanas semicerradas
no son capaces de contener. 
Pensábamos en volver a dormir en la cama 
que siempre fue nuestra,
en derrochar tiempo, besos y sudor 
en cada esquina de todas las habitaciones.

Abrimos la puerta y hay libros abiertos encima de cada mesa,
sillas descolocadas, una muñeca que se quedó sin guardar
y ropa amontonada encima de las camas. 
Hay botellas vacías, plantas apurando la última gota de agua,
camas deshechas y montones de cosas por hacer.

Despensas vacías, olor a cerrado y una puerta que gime 
cuando el viento la mece con más fuerza de la que es capaz
de aguantar.

Sólo pensábamos en volver a casa sabiendo que siempre estamos en casa 
desde que una noche infinitas flores azules nos bañaron
en el abrazo más esperado por el mundo.

lunes, 13 de agosto de 2018

Somos. Nos bastamos.

Una voz recién nacida que llama,
una mano que aprieta un dedo tan nuevo como amado,
un sueño que rompe en llanto (de alegría), 
el batir de unas alas en la ventana o contra los petalos de las flores
que las alimentan y en retorno agradecido las multiplican.
Unos labios que saben a café recién hecho tras besar
la boca que lo ha bebido,
una pierna que abraza más fuerte que los brazos más poderosos,
una mirada que se pierde allí donde por fin encontró lo que más buscaba,
una mano de niña a la que le crecen las uñas.
Una piel que huele a sal y a pimienta,
el sabor a trufa negra en la punta de la lengua,
una lágrima que huye alegre cabalgando por los párpados de la vida.
Algo tan tremendamente sencillo y complicado de encontrar
como vivir mirando en la misma dirección. 
Unas manos siempre tendidas, unos pies que caminan juntos, 
la sangre que se mezcla y crea manadas, clanes, familias.
Que me perdone Ángel González:
Somos. Nos bastamos.

viernes, 13 de julio de 2018

Trapecista

Balanceando las vistas desde una ventana
que intensifica los colores hasta parecer
conejos que escapan de chisteras 
de niños magos, 
mientras llovía, 
veía caer tus párpados
sobre la calle mojada y las estrellas tintineantes.
¿Quién era yo? me preguntaba
saltando agarrado al trapecio con una mano
mientras la otra agarraba las trenzas de niña 
de las que nunca pude tirarte.
Equilibrista, 
funambulista y 
trapecista vital,
con vocación de vocalista sin voz 
y sin red de seguridad 
que recoja el cuerpo
cuando cae de las nubes más altas,
aquellas que
dibuja tu respiración
cuando duermes y abrazas mi pecho.

 

jueves, 28 de junio de 2018

Equilibrista de lo imposible

Como un delfín volador
O una jirafa que explora fosas abisales. 
Como las flores que polinizan a las abejas
Sin saberlo 
O leones que comen hierbas aromáticas 
Como plato principal. 

Como el niño que en su 90 cumpleaños
Sigue pidiendo unicornios 
Y metiendo en las bocas de los buzones amarillos
Eternas cartas a los reyes magos. 

Equilibrista de lo imposible 
Para quien una fina cuerda 
Es el más ancho de los caminos
Que cruzan la Tierra de lado a lado.
Aquel que miraba tus ojos antes de verte
Y sueña con ellos mientras duerme
Oliendo tu cuello. 
Lo imposible era más que equilibrio improbable. 
Era la realidad más certera incluso antes de suceder. 
Equilibristas de vidas eternas.
Como siempre fue contigo. 

martes, 12 de junio de 2018

Florecer

Hay días en los que la vida nos conduce a transitar bosques oscuros,
a colgarnos de las ramas de los árboles más altos
y a cruzar a nado ríos que arrastran una masa de agua incontrolable.
Durante el camino, hay luces que se encienden y nos permiten
no tropezar con piedras, meter los pies en los agujeros y no pisar a
alguno de los animales que se atreven a desafiar el ritmo descompasado 
de los pasos que lo recorren.
También, a veces se apagan todas y avanzamos a ciegas. En esos casos, sólo me tengo a mi mismo y a tus manos, que vienen a ser lo mismo.
La oscuridad suele producir un efecto que, al menos, a veces, resulta inquietante.
Nos hace pensar y sentir todo lo que no dejamos salir cuando la luz, el ruido, el movimiento a nuestro alrededor nos agitan. Nos permite encontrarnos con la versión más auténtica de nosotros mismos. Con nuestros miedos, nuestras ilusiones, nuestras esperanzas y vacíos, nuestros jardines y nuestros desiertos.
En ocasiones, nos desequilibra, nos zarandea y nos hace temblar, nos quita la piel a tiras para hacernos sentir la carne latente, cálida e indefensa.

También tiene la virtud de hacernos fuertes, de permitirnos llegar a conocer quienes somos en realidad, nuestra esencia más oculta, la forma en la que horadamos la tierra y sentimos el mundo. 
Y mi mundo tiene tu cara y el sonido de tu risa. 
Y así, florecen macetas en la terraza y brillan estrellas en el techo del salón.

viernes, 11 de mayo de 2018

Casa

Sí.
Lo sé.
A veces, me retraigo, me encojo, no entiendo y me hago un nudo con mis tripas.
Lloro. Miro por la ventana sin ver.
Río en voz alta,
salto sobre el sofá y me revuelco entre los cojines.
Duermo, hay noches que pronto y, otras, en las que no paro de girar sobre mi mismo.
Juego, corro, me paro, me tumbo, sueño e incluso canto.
Te miro. Siempre te miro. Y no puedo parar de hacerlo.
Soy un ovillo de lana que se enreda y desenreda sin parar, que cae por las escaleras y que no deja de perseguir sueños.
¿Y sabes? 
Nunca tengo que volver a casa porque nunca me he ido.
 

martes, 24 de abril de 2018

Mis ojos

Camino buscando un mercado de ojos
para cambiar los míos.
Los busco azules, verdes o miel, 
de color intenso 
y profundidad infinita.

Meto la mano entre las cajas llenas,
con los gritos de los mercaderes en mis oídos
anunciando las bondades de todos ellos.
Hay incluso ojos de gatos o de serpiente 
con las pupilas verticales.
Ojos de camaleón para ver el mundo girar
e incluso de topo, para aquellos que
decidieron que ya han visto demasiado.

Busco unos ojos grandes para verte en voz alta.
Para no perderme un detalle de ti, de tu cuerpo,
de tu sonrisa infinita o del lóbulo de tu oreja izquierda, 
de las curvas de tus muslos de los que soy devoto fiel
o de tus dedos de niña de los que se caen todos los anillos.

Busco ojos de dioses porque son los únicos 
dignos de mirar a los tuyos al tiempo que se arrodillan
en tus caderas.

Busco sin parar, durante vidas enteras,
y no encuentro mejores que los míos para mirarte,
pequeños, tímidos, marrones y comunes.
Son los únicos que tiemblan y gritan descubriendo 
lo que es el amor cada vez que te miran.
 

martes, 3 de abril de 2018

Eso

¿Sabes?, ¿ Como esos días en que parece imposible que nada sea mejor
y pasa?
¿ Y llegas tú y sonríes?
Pues eso.


martes, 6 de marzo de 2018

Interrogante

La vida es una puta mentirosa,
Abre los labios prometiendo el polvo más grandioso y de repente, hace que te enamores de ella. Es una dama retorcida, que te habla de amor pudorosa y te folla a escondidas detrás de las cortinas para luego salir corriendo con los muslos chorreantes de semen al tiempo que está olvidando quien eres.
La vida es canalla, es whisky solo y humo de tabaco en la garganta, el grito y el gemido animal de la mantis devorando al macho demasiado lento para huir. Es una camisa sucia en el suelo y unas bragas limpias secándose al sol.
La vida es todo lo que te dejes hacer por ella. Es una ruleta rusa con el tambor lleno de balas, una partida de poker con la muerte apoyando la mano en tu hombro mientras apuestas a doble o nada.
La vida es el infierno y también un cielo teñido de fuego y metal. Es un portal sin luz, con una puerta que cruje. Un árbol desquebrajado al que le salen hojas. Es una jauría de perros ladrando en una escalera adoquinada bajo una farola rota y maloliente.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Lázaro eterno e inconsciente

La vida es una niña mentirosa que se esconde detrás de las cortinas,
que juega a sacarte una sonrisa traviesa mientras te pellizca 
y no aciertas a adivinar de donde salió esa mano,
que sale corriendo escaleras arriba retándote a agarrarla
mientras te lanza besos y flores imaginarios.

Es una artista en crisis de creatividad y sobreproducción de obras,
una monja que sueña con todos los pecados que una vez se prohibieron,
que duerme con gesto inocente
al tiempo que sus dedos resbalan lascivos y prometedores por sus caderas.
Es puro vicio en labios ingenuos, 
una bailarina de cabaret que fuma impúdica mientras su lengua
fabrica anillos de humo 
y mira desafiante desde el gran escenario del mundo.

La vida es la contradicción más clara de la historia de la creación,
un sorbo de vino resbalando por la barbilla de un borracho inconsciente.
Es María Magdalena amamantando a los santos inocentes.
Herodes corriendo detras de ella con un biberón en la mano
y Daniel jugando a los dados con los leones y levántandole
la falda a Marta mientras espera  que Lázaro resucite.

La vida es la esperanza de la inmortalidad.

miércoles, 31 de enero de 2018

Estar en casa

Estar en casa es 
tu mano sobre la mejilla
Mientras estudias,
Los libros repartidos
En las esquinas de las mesas, 
Amontonados en la estanteria
o apoyados en la pata de la cama. 
Es nuestros pies liados
Bailando una canción lenta, 
De las que se bailan agarrados
 por la cintura 
Y con la cabeza apoyada en el pecho. 
Estar en casa es sentir 
que nada más que la vida
Puede entrar por la puerta.
Es una cama que dura hecha 
sólo el tiempo de volver a dejar caer el edredón
Al suelo mientras volamos sobre ella.
Estar en casa
Es preguntarme qué hago
Mientras escribo ésto  y
Pienso que,  estar en casa, 
Es estar en cualquier lugar del mundo 
En el que tú abras la puerta. 

martes, 16 de enero de 2018

Ya no hay monstruos bajo la cama (II)

Ya no hay monstruos bajo la cama.
En realidad, nunca los hubo.
Aprendieron a esconderse en lugares diferentes,
en las cajas de los zapatos de invierno,
en el cajón de las bufandas
o en el bolsillo de aquellos vaqueros que hace siglos que no usas.
Ahora ya no están ocultos en ningún sitio.
Algunos corren entre los pliegues de las sábanas,
saltan a la comba en el hueco de la almohada
o susurran en mi oreja el nombre del viento
mientras corren disparados para que no los pille.
Hay unos cuantos que disfrutan escondiéndome las cosas
y vaciando los botes champú.
Otros, cierran el agua caliente cuando estoy en la ducha
(los escucho reir, entre gritos y maldiciones que salen 
de mi boca cuando el chorro de agua fría se inserta en mi columna).
Alguno perezoso hay, que pasa toda la vida tumbado en la cama
esperando que yo duerma para enfriarme los pies.
Les gusta el frío y han convertido la pared en escarcha.
Ríen a escondidas y no me dejan dormir más de una hora seguida
deslizando cubitos de hielo sobre mi garganta.
Ya no hay monstruos bajo la cama, 
simplemente están por toda la casa.
Hay copos de nieve dentro de los zapatos y
la estufa ya no funciona.
Hace frío y el invierno se ha colado de repente 
ocupándolo todo con hielo, nieve, escarcha 
y ese viento que, hagas lo que hagas, siempre
consigue enfriarte el cuello.
Hay uno que, a escondidas, me regala un café caliente
que debo beber rápido para que no lo pillen.
y que,  con cierta tristeza, recuerda que hasta ahora, 
la primavera siempre vuelve y me pide que cuando eso pase,
le guarde un huequecito.

lunes, 15 de enero de 2018

Cuando la tierra era plana

Cuando la tierra era plana (porque sí, porque la tierra antes era plana hasta que de un bostezo se dio la vuelta sobre si misma y se quedó con forma de pelota de goma), el agua caía por los lados formando cataratas que convertían el universo en un vergel de estrellas, constelaciones, lunas, planetas, cometas y algunos astronautas que, decidieron no regresar cuando encontraron aquel juego perpetuo.

Cuando la tierra era plana, las personas no tenían miedo a caerse ni andaban cabeza abajo. Los peces saltaban en constantes piruetas sobre la espuma blanca de las olas desafiando a las sirenas en una competición de altura (siempre ganaban los peces porque a las sirenas les gustaba ver como se les ponían los ojillos rojos cuando se estiraban hacia el cielo). Las aves volaban alto, incluso se posaban a descansar en los rayos del sol que se extendía ante ellas, como refugio y reposo, principalmente en los meses en que el invierno soplaba fuerte (el invierno es una nube gigante que echa aire frío por la boca hasta que se agota y se vuelve a casa a coger fuerzas, que es cuando la primavera aprovecha para hacerse fuerte).

Cuando la tierra era plana, estaba llena de árboles y los ríos siempre rebozaban de agua. Los bosques silbaban canciones, sobre todo durante el otoño, mientras iban colocando sus hojas en el suelo construyendo un mosaico perfecto. La nieve era dulce y se dejaba morder, y los duendes blancos construían muñecos de nieve durante la noche para que los niños jugaran.

Cuando la tierra era plana, yo volaba de punta a punta y bebía el agua que caía por cada extremo. Me sumergía en la profundidad del mar para conversar con los tritones y esconderle el tridente a Poseidón, quien siempre simulaba que se enfadaba muchísimo pero los días en que no lo hacía preguntaba si nadie iba a cogerlo.

Un día la tierra bostezó. Era la primera vez que ocurría y ninguna de las criaturas que la habitaban supieron reaccionar. Algunas cayeron al espacio y se quedaron flotando para siempre, sin rumbo, sin luz, sin destino. Otras se escondieron bajo el fondo del mar y se declararon extinguidas a sí mismas para que nadie las asustara de nuevo. Los duendes dejaron de fabricar muñecos para los niños que, cuando dejaron de verlos empezaron a crecer y se hicieron adultos llenos de dudas, miedos y recelos. El sol dejó de ofrecer abrigo y calor para ocuparse sólo de defenderse de lo que tenía alrededor.

Yo perdí el color de mis alas.  Y, a veces, no recuerdo como se utilizan.

viernes, 12 de enero de 2018

Nunca fuimos tú y yo

Así era, torbellino de emociones,
marea blanca que baña de espuma 
las orillas de los caminos 
que recorría de memoria.
De mirada entrante y paso firme
que tiembla a cada latido,
de piel cálida que congela cada hueco en que no está.
Entre sonrisas, alguna lágrima le asoma 
cuando se emociona al vivir
aunque a ella nadie la ve nunca llorar.
De pan caliente, que rebaña 
hasta el ultimo suspiro de vida que queda en el plato
antes de llevarlo a mi boca para comérselo todo,
-que hay mucha hambre y la comida nunca se tira -,
de comer a dos manos los dedos de nuestras manos zurdas, 
de caernos hacia atrás para sentirnos más altos que nunca,
niña menguante, que crece a cada sonrisa 
mientras tu nariz un día llega a mi hombro 
y al instante siguiente a mi boca, 
-tantos años esperándote-
para llenarla de besos 
y vaciarla de vacíos.

Así ella dejó de ser de ella, para pasar a ser tú.
Tú, que duraste el tiempo que tardé 
en mirar a través de la puerta por la que entrabas,
te convertiste en nosotros al mirar por el cristal de una ventana.
Yo, que dejé de ser él, para pasar a ser yo.
Yo, que duré el tiempo que tardaste en mirar desde la puerta por la que entrabas,
me convertí en nosotros al mirar por el cristal de la ventana
por la que tú mirabas.