Porque era el aire el que la respiraba para sobrevivir.
Y ella nunca lo supo.
Escribir era abrir una herida para que saliera la sangre que sobraba. Mi vida nunca fue más que la eterna ilusión de no ser un cúmulo de puntos suspensivos...
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miércoles, 21 de diciembre de 2016
Mercadillo
Compro sueños guardados bajo la alfombra,
deseos escondidos en las cortinas,
cojines de colores
y cubos de reciclaje para todo aquello que no sabes donde poner.
Compro ilusiones deshechas, maletas rotas,
la sal de las heridas y las lanzas que las abren.
Regalo alas por docenas -por si se te pierde alguna-,
vuelos sin billete de vuelta
y saltos sin paracaídas.
Regalo las vidas que me dieron los gatos,
canciones a oscuras
y mañanas de sol para los días nublados.
Cambio cerraduras por puertas abiertas,
persianas echadas por ver llover a través de tu ventana,
armaduras por piel desnuda
y cajones de ropa vieja por armarios que llenar.
Cambio lágrimas por abrazos
que rehacen el puzzle de la vida,
dudas por fe,
y café frío por tostadas quemadas los domingos por la mañana.
Vendo heridas y beso cicatrices.
deseos escondidos en las cortinas,
cojines de colores
y cubos de reciclaje para todo aquello que no sabes donde poner.
Compro ilusiones deshechas, maletas rotas,
la sal de las heridas y las lanzas que las abren.
Regalo alas por docenas -por si se te pierde alguna-,
vuelos sin billete de vuelta
y saltos sin paracaídas.
Regalo las vidas que me dieron los gatos,
canciones a oscuras
y mañanas de sol para los días nublados.
Cambio cerraduras por puertas abiertas,
persianas echadas por ver llover a través de tu ventana,
armaduras por piel desnuda
y cajones de ropa vieja por armarios que llenar.
Cambio lágrimas por abrazos
que rehacen el puzzle de la vida,
dudas por fe,
y café frío por tostadas quemadas los domingos por la mañana.
Vendo heridas y beso cicatrices.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
No más que a ti
Cuando cierro los ojos es cuando mejor
Nos veo.
Como cuando recorres la casa a oscuras
Porque sabes donde está cada esquina de cada mueble,
Cada puerta, cada juguete perdido,
O el vestido que dejamos caer
Después de arrancarlo con ansía.
Como cuando sonríes desde la puerta
O cuando los ojos brillan al escuchar
Lo que ya sabemos desde antes
De que unas manos se buscaran en mesas distintas
Incapaces de comprender ese espacio que las separaban.
Como cuando callas porque nada es todo en ese momento
En que la garganta se convierte en volcán.
Como cuando quise hacer infinita cada décima de segundo
O colgarle la eternidad a nuestros nombres.
Como cuando esperaba ver a la vida sonreír
Con la boca llena de dientes.
Como cuando esperaba bajo un árbol que llovía
Flores del color del cerezo.
No más que a ti
Nos veo.
Como cuando recorres la casa a oscuras
Porque sabes donde está cada esquina de cada mueble,
Cada puerta, cada juguete perdido,
O el vestido que dejamos caer
Después de arrancarlo con ansía.
Como cuando sonríes desde la puerta
O cuando los ojos brillan al escuchar
Lo que ya sabemos desde antes
De que unas manos se buscaran en mesas distintas
Incapaces de comprender ese espacio que las separaban.
Como cuando callas porque nada es todo en ese momento
En que la garganta se convierte en volcán.
Como cuando quise hacer infinita cada décima de segundo
O colgarle la eternidad a nuestros nombres.
Como cuando esperaba ver a la vida sonreír
Con la boca llena de dientes.
Como cuando esperaba bajo un árbol que llovía
Flores del color del cerezo.
No más que a ti
viernes, 2 de diciembre de 2016
La vida (2)
Una sombra en la ventana,
pisadas en la escalera
y diez idas con sus venidas antes de despedirnos
durante una eternidad que va a durar
el tiempo que tardas en cruzar el pasillo.
Un colchón que gime (y ríe),
la lluvia sobre un universo que se esconde
debajo de tu pelo mojado (y mi chaqueta negra),
las manos inquietas que se rebelan
porque no quieren más ausencia
que el espacio que queda entre mis dedos tocando tu piel.
Bajar la escalera (y subirla),
Peter Pan,
una lengua traviesa que habla al oído.
Un trozo de tarta (de café) y el mar.
Soñar.
Adictividad.
La vida.
Me basta.
pisadas en la escalera
y diez idas con sus venidas antes de despedirnos
durante una eternidad que va a durar
el tiempo que tardas en cruzar el pasillo.
Un colchón que gime (y ríe),
la lluvia sobre un universo que se esconde
debajo de tu pelo mojado (y mi chaqueta negra),
las manos inquietas que se rebelan
porque no quieren más ausencia
que el espacio que queda entre mis dedos tocando tu piel.
Bajar la escalera (y subirla),
Peter Pan,
una lengua traviesa que habla al oído.
Un trozo de tarta (de café) y el mar.
Soñar.
Adictividad.
La vida.
Me basta.
jueves, 24 de noviembre de 2016
La vida
La vida.
Deseo. Los tés cargados.
Dar la vuelta al mundo en 36 minutos,
ver llover a través de un cristal,
sacar el pie de debajo de las mantas
y llegar tarde (o temprano) porque el tiempo pierde su razón de ser
cuando miramos en la misma dirección.
La ventana. Arrodillarnos.
Respirar el mismo aire en ese instante en que dos
no pueden ser más que uno.
(Cenar en la escalera)
Alimentarme del sudor de tu piel desnuda,
del calor del invierno entre las sábanas de cualquier lugar desconocido
que vuelves hogar con sólo ocuparlo.
Probar el café en los labios.
Caer al suelo y sentirlo como el colchón más blando
si tu risa y tus ojos abiertos son los que me agarran al hacerlo.
Aprender y crecer juntos y no tener nunca más de 5 años.
Soñar un jardín, dos perros, libros en cada esquina
y la playa.
Una cama verde agua y olor a pan quemado al despertar.
Asustarnos con la vida y mirarnos en los ojos del otro para reirnos del miedo.
Saltar al vacío cogido de tu mano izquierda mientras caminas descalza
sobre brasas ardientes .
Dibujarla mil veces al día.
Los pies al dormir.
Preguntar ¿qué sueño yo ahora si se me quedaron cortos?....
Daniela.
La vida.
Deseo. Los tés cargados.
Dar la vuelta al mundo en 36 minutos,
ver llover a través de un cristal,
sacar el pie de debajo de las mantas
y llegar tarde (o temprano) porque el tiempo pierde su razón de ser
cuando miramos en la misma dirección.
La ventana. Arrodillarnos.
Respirar el mismo aire en ese instante en que dos
no pueden ser más que uno.
(Cenar en la escalera)
Alimentarme del sudor de tu piel desnuda,
del calor del invierno entre las sábanas de cualquier lugar desconocido
que vuelves hogar con sólo ocuparlo.
Probar el café en los labios.
Caer al suelo y sentirlo como el colchón más blando
si tu risa y tus ojos abiertos son los que me agarran al hacerlo.
Aprender y crecer juntos y no tener nunca más de 5 años.
Soñar un jardín, dos perros, libros en cada esquina
y la playa.
Una cama verde agua y olor a pan quemado al despertar.
Asustarnos con la vida y mirarnos en los ojos del otro para reirnos del miedo.
Saltar al vacío cogido de tu mano izquierda mientras caminas descalza
sobre brasas ardientes .
Dibujarla mil veces al día.
Los pies al dormir.
Preguntar ¿qué sueño yo ahora si se me quedaron cortos?....
Daniela.
La vida.
lunes, 21 de noviembre de 2016
Amanecer
Ya no habrá más auroras que las que traiga el anochecer.
Silencioso recuerdo de un amanecer en que no salió el sol.
Brillantes las hojas de los sauces y el resplandor de la luna...
Tan sólo me falta un nombre al que quiera llamar el corazón.
Pétalos mordidos a ambos lados del camino,
Ladera abajo corría un gorrión hacia su falda
Y las alas le pesaban y se mordía las plumas
Arrancándolas con rabia mientras lloraba.
Tras sus pasos, una risa en el vacío
Y un relámpago que lo ilumina. Se cerraron los balcones....
Y las cortinas echadas con las luces apagadas....
Y los ojos asustados,y el pecho vibrante inerte de las pasiones...
Miedo....y un tango que bailan unos pies descalzos
Con una rosa en la boca que hace sangrar los labios.
Lágrimas que grana el suelo volvieron
Y pisadas que las borraban.
Jirones de voces que traía el aire a las ventanas verdes
Donde unos ojos esperaban la noche llegar.
En las calles vacías se amontonaban los fantasmas
Bañando de blanca sangre las sábanas de sus vidas
Y un gorrión que volaba sin alas.
Donde unos ojos esperaban la noche llegar con la voz temida.
Encerrada en túnica ocre la noche llegó
Donde unos ojos la esperaban llegar.
Y los ojos buscaban el negro en las ventanas verdes...
Y las alas de un gorrión para escapar.
Pero las ventanas se cerraron y no hubo noche,
Ni gorrión, ni alas, ni túnica ocre ni negro.
Y callaron los fantasmas y las lágrimas y las pisadas.
Y así, mi amanecer volvió al cielo.
Silencioso recuerdo de un amanecer en que no salió el sol.
Brillantes las hojas de los sauces y el resplandor de la luna...
Tan sólo me falta un nombre al que quiera llamar el corazón.
Pétalos mordidos a ambos lados del camino,
Ladera abajo corría un gorrión hacia su falda
Y las alas le pesaban y se mordía las plumas
Arrancándolas con rabia mientras lloraba.
Tras sus pasos, una risa en el vacío
Y un relámpago que lo ilumina. Se cerraron los balcones....
Y las cortinas echadas con las luces apagadas....
Y los ojos asustados,y el pecho vibrante inerte de las pasiones...
Miedo....y un tango que bailan unos pies descalzos
Con una rosa en la boca que hace sangrar los labios.
Lágrimas que grana el suelo volvieron
Y pisadas que las borraban.
Jirones de voces que traía el aire a las ventanas verdes
Donde unos ojos esperaban la noche llegar.
En las calles vacías se amontonaban los fantasmas
Bañando de blanca sangre las sábanas de sus vidas
Y un gorrión que volaba sin alas.
Donde unos ojos esperaban la noche llegar con la voz temida.
Encerrada en túnica ocre la noche llegó
Donde unos ojos la esperaban llegar.
Y los ojos buscaban el negro en las ventanas verdes...
Y las alas de un gorrión para escapar.
Pero las ventanas se cerraron y no hubo noche,
Ni gorrión, ni alas, ni túnica ocre ni negro.
Y callaron los fantasmas y las lágrimas y las pisadas.
Y así, mi amanecer volvió al cielo.
sábado, 19 de noviembre de 2016
De vuelta a casa
Sólo se interponía una puerta entre ellos. Tantos pasos dados, tantos caminos recorridos, tantas vueltas sobre sí mismos y, por fin, sólo esa puerta para descubrir aquello que,sin saberlo, habían estado buscando todas sus vidas.(Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos").
La noche había teñido de negro un cielo preñado de nubes azules y rojas, como las que dibujaba el horizonte desde la ventana a través de la que siempre se ve el infinito . Los pies se habían agarrado a las raíces del suelo, allí donde termina la tierra y las calderas del mundo no paran de inventar historias nuevas para que siga girando. Se sentían a través del hueco de una cerradura que nunca tuvo llave que la mantuviera echada. Extendían las manos y chocaban contra la madera sin terminar de atreverse a cruzarla. No hay momento más difícil en la vida del ser humano que aquel en el que tiene que tomar la decisión de ser feliz y vivir lo que ha soñado.
Rompió a llover de nuevo. El sonido del agua contra los cristales se convertiría en algo similar a una banda sonora orquestada por la misma naturaleza de una historia donde la magia está en las palmas de las manos. Del interior de la casa salía el eco de unos pasos caminando en diferentes direcciones, nerviosos, rápidos, como los de quien sabe donde debe dirigirse pero teme llegar demasiado pronto o demasiado tarde. Poco a poco el silencio volvió a ocuparlo todo. No hubo más lluvia ni viento que arrastrara las flores moradas de los árboles. Las estrellas dejaron de alumbrar conteniendo la respiración y todo fue oscuridad durante unos minutos que explicaron aquello para lo que nunca había habido explicación. La fotografía de un electrocardiograma había pintado anticipadamente lo que ocurría desde que el mundo decidió empezar a girar en sentido contrario.
La puerta se abrió y dos cuerpos parados frente a frente se confundieron entre temblores, abrazos, palabras antiguas que sólo a partir de ahí empezaron a a tomar significado, miedos y la convicción más absolutamente plena de que,a veces, los sueños se iban a quedar cortos.
Durante el tiempo que duró ese instante, se sucedieron todas las estaciones. Florecieron los cerezos y cayeron los primeros copos de nieve sobre dos niños de 5 años. Su boca sólo podía pronunciar la misma frase que al llegar ante la puerta..."ya estoy aquí, no volveré a irme".
Cuando las flores de los cerezos empezaron a caer, sintió sus brazos deshaciéndose de su piel. Y antes de poder abrir los ojos escuchó el sonido de una puerta cerrándose a su espalda y una voz que hablaba desde el otro lado.... Sólo era capaz de pedirle perdón en silencio por haber querido llegar antes y no haber sabido hacerlo.
Antes nos buscábamos solos, ahora nos buscamos en nosotros.
Cap.5: Ya no hay monstruos bajo la cama.
lunes, 14 de noviembre de 2016
Siempre volveré
Siempre volveré. Esa frase se clavaba en el centro de su garganta sin llegar a pronunciarla.
La niña jugaba haciendo flotar un trozo de madera en un charco lleno de barro. Imaginaba que se subían en él y se alejaban de todo aquel olor a humo, fango, tierra mojada y vidas usadas. Parecía no ser plenamente consciente de lo que había sucedido pero en el fondo de sus ojos se adivinaba la verdad de la existencia. Que maravillosa contradicción, pensaba, y que hermoso descubrir la inocencia del nacimiento en aquellas pupilas inquietas que saltaban de un sitio a otro cuando se olvidaba de la tristeza que la recubría. Había momentos en que parecía tener 100 años y, otros, en que sólo era la niña que lo miraba pidiéndole que le contara historias tumbados al cobijo del fuego antes de dormir.
Con timidez, intimidado aún, observaba a la mujer de grís. Aún no le había dicho su nombre así que interiormente, seguía llamándola así. Tenía la mirada profunda y clara, llena de leyendas y cuentos, de hechizos y magia por revelar. Soñaba con ella y las pocas veces que la había rozado sus manos temblaban agitadas por un respeto absolutamente reverencial. Sentía alfileres en la piel cuando ella se alejaba o cuando se acercaba demasiado. Sus manos eran pequeñas y fuertes, suaves, a pesar de todo, y cálidas, sobre todo, cálidas. A veces, pensaba, suceden cosas que uno sabe que es inevitable que pasen, y hasta que no lo hacen, no consigue comprender el camino que ha recorrido. Pero, de repente, las piezas empiezan lentamente a colocarse en su sitio, hasta tener la visión completa de una existencia pasada, presente y futura, como quien observa un atardecer sabiendo que tras la noche vuelve el día de forma irremediable.
Se acariciaba las cicatrices allí donde estuvieron las heridas. Le gustaba sentirlas, le recordaban quién era y porqué estaba ahí. En una esquina crecía una flor amarilla. Pequeña, pero entusiasta. Entre tanto polvo y oscuridad destacaba como una vela encendida. Se sentía extrañamante dichoso. No necesitaba más que lo que su vista alcanzaba a enseñarle. Algo que latía dentro de él desde siempre se estaba transformando en una preciosa rutina. La niña corría a su alrededor y se abalanzaba sobre él para que la subiera a hombros. Le daba tirones de la barba y le colocaba flores en el pelo sin parar de reír.
Cada vez que la mujer y él se miraban, temblaban por dentro, y descubrieron que los sueños, a veces, sin saber ni el cómo ni el porqué, se tornan en realidad.
Y entonces, inevitablemente, sonreía porque el mundo estaba en orden o en un caos precioso.
Cap. 4: Ya no hay monstruos bajo la cama.
La niña jugaba haciendo flotar un trozo de madera en un charco lleno de barro. Imaginaba que se subían en él y se alejaban de todo aquel olor a humo, fango, tierra mojada y vidas usadas. Parecía no ser plenamente consciente de lo que había sucedido pero en el fondo de sus ojos se adivinaba la verdad de la existencia. Que maravillosa contradicción, pensaba, y que hermoso descubrir la inocencia del nacimiento en aquellas pupilas inquietas que saltaban de un sitio a otro cuando se olvidaba de la tristeza que la recubría. Había momentos en que parecía tener 100 años y, otros, en que sólo era la niña que lo miraba pidiéndole que le contara historias tumbados al cobijo del fuego antes de dormir.
Con timidez, intimidado aún, observaba a la mujer de grís. Aún no le había dicho su nombre así que interiormente, seguía llamándola así. Tenía la mirada profunda y clara, llena de leyendas y cuentos, de hechizos y magia por revelar. Soñaba con ella y las pocas veces que la había rozado sus manos temblaban agitadas por un respeto absolutamente reverencial. Sentía alfileres en la piel cuando ella se alejaba o cuando se acercaba demasiado. Sus manos eran pequeñas y fuertes, suaves, a pesar de todo, y cálidas, sobre todo, cálidas. A veces, pensaba, suceden cosas que uno sabe que es inevitable que pasen, y hasta que no lo hacen, no consigue comprender el camino que ha recorrido. Pero, de repente, las piezas empiezan lentamente a colocarse en su sitio, hasta tener la visión completa de una existencia pasada, presente y futura, como quien observa un atardecer sabiendo que tras la noche vuelve el día de forma irremediable.
Se acariciaba las cicatrices allí donde estuvieron las heridas. Le gustaba sentirlas, le recordaban quién era y porqué estaba ahí. En una esquina crecía una flor amarilla. Pequeña, pero entusiasta. Entre tanto polvo y oscuridad destacaba como una vela encendida. Se sentía extrañamante dichoso. No necesitaba más que lo que su vista alcanzaba a enseñarle. Algo que latía dentro de él desde siempre se estaba transformando en una preciosa rutina. La niña corría a su alrededor y se abalanzaba sobre él para que la subiera a hombros. Le daba tirones de la barba y le colocaba flores en el pelo sin parar de reír. Cada vez que la mujer y él se miraban, temblaban por dentro, y descubrieron que los sueños, a veces, sin saber ni el cómo ni el porqué, se tornan en realidad.
Y entonces, inevitablemente, sonreía porque el mundo estaba en orden o en un caos precioso.
Cap. 4: Ya no hay monstruos bajo la cama.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Yo soy vosotros
Había vuelto con más fuerza que nunca, con la piel intacta, acorazada, y con los huesos quebradizos y crujientes. Algo en su boca temblaba como si le atemorizara salir, pero lograba controlarlo justo antes de pronunciarlo. Sus ojos bailaban saltando de un lugar a otro, inquietos, parpadeando como alas de colibrí impidiendo saber a ciencia cierta si estaban abiertos para mirar o si tenía la capacidad de ver con ellos cerrados. Cerró la puerta a su espalda y se asomó directamente a la ventana dibujando lugares mágicos inexplorados pero que ambos conocían desde antes de encontrarse y encontrarlos.
A veces, tengo miedo, se decían.
Y se giraban entonces para mirar en la misma dirección y sentían que alguien sonreía. Una niña pequeña se abrazaba a ellos, apretando la cara contra los muslos de ambos. Una lágrima violeta les recorría las piernas con tal intensidad que su calor traspasaba la carne y les tocaba la piel. Incluso notaban su sabor salado en la punta de la lengua. Tenía la cara traviesa, con una sonrisa eterna y desafiante, el pelo negro, revuelto y medio ensortijado que hacía juego con una piel morena que recordaba y olía a pan tostado los domingos por la mañana. Se subió a sus hombros y saltaron por la ventana envueltos en un torbellino de luces de colores. La niña reía sin parar contagiándolos, haciéndoles recordar que vivir es tener 5 años en cada momento. Aterrizaron en un colchón de nieve sobre el que caminaron descalzos, sumergiéndose en ella y buceando descubriendo nuevos caminos.
Cuando abrieron los ojos no podían apartar la mirada. La niña se había ido dejándoles un abrazo marcado alrededor de ellos, en sus piernas, sus hombros, sus manos...allí donde les había rozado, su presencia había quedado tatuada para siempre. "Estoy aquí, yo os he traído al mundo a través de un viaje que estaba escondido en el baúl secreto de los sueños. Ya está abierto, vivid y soñad.....Hay historias y momentos inexplicables, historias que dibujamos en nuestra imaginación con la fuerza y el calor de 10.000 soles, volando a través de sus rayos, dibujando caminos y coloreando el horizonte con ellos. Nunca olvidéis lo que sois...y si lo hacéis, cerrad los ojos y yo os hablaré al oído. Cuando sonríais sin motivo, cuando sintáis una descarga que os hace flotar....ahí estoy yo. Y yo, soy vosotros."
A veces, tengo miedo, se decían.
Y se giraban entonces para mirar en la misma dirección y sentían que alguien sonreía. Una niña pequeña se abrazaba a ellos, apretando la cara contra los muslos de ambos. Una lágrima violeta les recorría las piernas con tal intensidad que su calor traspasaba la carne y les tocaba la piel. Incluso notaban su sabor salado en la punta de la lengua. Tenía la cara traviesa, con una sonrisa eterna y desafiante, el pelo negro, revuelto y medio ensortijado que hacía juego con una piel morena que recordaba y olía a pan tostado los domingos por la mañana. Se subió a sus hombros y saltaron por la ventana envueltos en un torbellino de luces de colores. La niña reía sin parar contagiándolos, haciéndoles recordar que vivir es tener 5 años en cada momento. Aterrizaron en un colchón de nieve sobre el que caminaron descalzos, sumergiéndose en ella y buceando descubriendo nuevos caminos. Cuando abrieron los ojos no podían apartar la mirada. La niña se había ido dejándoles un abrazo marcado alrededor de ellos, en sus piernas, sus hombros, sus manos...allí donde les había rozado, su presencia había quedado tatuada para siempre. "Estoy aquí, yo os he traído al mundo a través de un viaje que estaba escondido en el baúl secreto de los sueños. Ya está abierto, vivid y soñad.....Hay historias y momentos inexplicables, historias que dibujamos en nuestra imaginación con la fuerza y el calor de 10.000 soles, volando a través de sus rayos, dibujando caminos y coloreando el horizonte con ellos. Nunca olvidéis lo que sois...y si lo hacéis, cerrad los ojos y yo os hablaré al oído. Cuando sonríais sin motivo, cuando sintáis una descarga que os hace flotar....ahí estoy yo. Y yo, soy vosotros."
lunes, 7 de noviembre de 2016
Yo soy la puerta que nadie puede cerrar
Allí quedó mirando el hueco que ocupaba su sombra en el suelo sólo unos segundos antes, resonando en sus oídos el nervioso sonido de sus pisadas. Inmóvil, no supo ni pudo ni quiso reaccionar. Sus ojos se clavaron en la madera del portón, ahora cerrado , con tal intensidad que parecía arrancarle virutas con cada parpadeo. Poco a poco, volvió a sentir su respiración, el subir y bajar de su pecho y la humedad de alguna lágrima que ,inconsciente, había resbalado hasta la barbilla. Sonrió, con la burla de la desesperación, de la duda, de la rabia, del miedo, del pasado, del futuro y de un enorme puñado de preguntas que se agolpaban en su garganta sin ser capaces de tomar forma y hacerse palabras.
Apagó las velas y se quedó a oscuras, abrazándose con la cara apoyada en sus propias rodillas. Vio amanecer desde su esquina. Vio al cielo desperezarse mientras las últimas estrellas, las más remolonas, seguían resistiéndose a no hacerle compañía.
El sueño venció la batalla y durante unas horas su mente se apagó. Viajó en sueños por todo el tiempo que habían compartido, los sueños imaginados, las promesas hechas y las ilusiones pendientes. Despertó tiritando y con todo el cuerpo bañado en sudor.
Notaba la ausencia y el dolor en cada célula del cuerpo. Cada latido del corazón era un martillazo que hacía temblar las costillas. La sangre recorría sus venas como si buscara una vía de escape así fuera reventándolas para no sentir más y recorrer el mundo sin más límites que la propia vida.
Un golpe en la puerta le hizo recobrar la conciencia de donde estaba. Con la orientación aturdida aún, no supo donde dirigirse hasta que varios golpes más terminaron por hacerle comprender lo que sucedía. Su cabeza seguía dando vueltas y sus pies se mostraban torpes, incluso cobardes, en cada paso que intentaba dar para acercarse.
La luz se apagó súbitamente. Comenzó a llover y el cielo se oscureció como si la noche hubiese retado al sol y lo hubiera vencido. Miró por la ventana desde donde se encontraba y no pudo distinguir más que el agua que resbalaba por el cristal arrastrando polvo, arena y restos de antiguas heridas. Quien quiera que fuese no paraba de golpear la puerta, primero tímidamente, ahora más enérgicamente, con la urgencia, quizás, de escapar de la oscuridad y buscar resguardo del repentino aguacero.¡Entra ya!- gritó su voz. Siempre ha estado abierta para ti. Sólo tienes que cruzarla.
Cap. 6: Ya no hay monstruos bajo la cama.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
La mujer de grís.
Hay instantes que duran lo que duran 10.000 vidas. Durante los tres segundos que tardó en pronunciar esas palabras, su mente rescató recuerdos que desconocía haber vivido entremezclándose con otros que siempre le habían desconcertado. Eran pellizcos en la boca del estómago, poemas desgarrados, intentos de suicidio, haber sido absorbido por las aguas de un río transformado en un remolino irrefrenable que le encharcaba los pulmones y le hinchaba la piel hasta reventarla e incluso heridas abiertos en los costados del pecho sin que nada lo rozara....También eran hijos paridos, haber sido asaltado y muerto en los caminos y la culpabilidad por no haber vuelto, ver flores y llantos a través de la losa de una tumba, el sentimiento de una traición de hermanos y haber luchado contra monstruos propios y ajenos desde el principio de sus días. También unos ojos, unas manos, unas lágrimas y un vínculo sellado con las entrañas, allá donde no hay más que lo que somos, despojados de todo artificio y de todo miedo.
Recordaba una ciudad derruída, devastada, atravesada por ríos sin profundidad que arrastraban el agua de los depósitos y restos carbonizados coloreados por el rojo de la sangre derramada. Recuerda a una mujer saliendo a duras penas entre los restos de piedra agarrando la mano de una niña pequeña. Sus ojos eran redondos y grandes, profundos, oscuros, de los que se clavan hasta el último recodo del alma, en las vísceras, en la mente y en el cuerpo. De los que te enseñan que, en ocasiones, somos de cristal y alguien nos lee hasta el último átomo de oxígeno que acabamos de respirar. Se vio parado contemplándola, incapaz de moverse, como si sus pies se hubieran convertido en plomo y todas sus fuerzas se hubieran evaporado al calor del fuego. Fueron sólo segundos en los que perdió la noción del tiempo, de sí mismo, de los que lo rodeaban. En los que dejó de sentir la tierra, el fango y la sangre que lamían sus pies, las gotas de sudor cargadas de polvo que se metían en sus ojos entrecerrados y la lluvia que había vuelto a caer de repente como si mantuviera la ilusión de ser capaz de limpiar aquella pobredumbre.
Fueron segundos en los que no fue capaz de percibir el cambio de hombres de honor a depredadores en aquellos que lo acompañaban. Fueron sólo segundos pero fue suficiente para tener que correr como alma que lleva el diablo para interponerse entre ellos y aquella mujer vestida de gris con una niña pequeña que apretaba su manita a la de ella. Tiró de espada, de puños y gritos, de apelaciones y lágrimas, de toda la rabia acumulada y de la desesperación reflejada en sus caras. Se plantó entre ellos sintiendo la mirada de la mujer y de la niña, desafiante la primera, tranquila y en calma la segunda, como si conociera de antemano el desenlace de aquel envite.
Con la esperanza ya perdida intentó hacerlos retroceder, recordándoles quienes eran, el valor de los juramentos que habían prestado y la enseña que portaban en el pecho. Sonrieron con los ojos inyectados en sangre y se abalanzaron sobre él. Sintiéndose en paz, cerró los ojos y todo su cuerpo se tensó. Moriría bien, luchando por aquello que amaba y con la ilusión satisfecha de haber encontrado aquellos ojos que le habían acompañado desde el primer día de su vida. Relajó las piernas, juntó las manos y con un rápido movimiento inició la lucha. Una lucha desigual contra tres, era una forma honrosa de morir cuando le llegara su hora. Pero la mirada que sentía clavarse en su espalda le decía que esa no había llegado aún. Se cruzaron espadas, cuchillos y golpes....saltaron dientes, salpicó la sangre que terminó chupando la tierra, ávida de vida y muerte, llegaron gritos, lamentos, crujir de huesos, lágrimas y algún cuerpo cayó al suelo, para incorporarse y continuar la lucha hasta que no quedara aliento en ninguno de ellos.
Despertó al día siguiente notando el calor de la sangre en los costados, la cara deformada y alguna costilla rota que hacía que cada respiración se transformara en un nuevo infierno. Lentamente abrió un ojo y vio a la niña sonriéndole sentada a sus pies. Estaba viva y sin daño aparente. Respiró profundamente, aliviado, y sintió como si una flecha acabara de atravesarle el pecho. Inquieto, buscó a la mujer y no la vio. Angustiado, intentó incorporarse para encontrarla mientras notaba como su cuerpo se resquebrajaba. Una voz firme lo paró a tiempo..."Tranquilo, estamos bien. No debes moverte", "¿por qué has tardado tanto?, llevamos años esperándote....".
Y sonrió. Por fin las piezas del mundo empezaban a estar en su sitio.
Recordaba una ciudad derruída, devastada, atravesada por ríos sin profundidad que arrastraban el agua de los depósitos y restos carbonizados coloreados por el rojo de la sangre derramada. Recuerda a una mujer saliendo a duras penas entre los restos de piedra agarrando la mano de una niña pequeña. Sus ojos eran redondos y grandes, profundos, oscuros, de los que se clavan hasta el último recodo del alma, en las vísceras, en la mente y en el cuerpo. De los que te enseñan que, en ocasiones, somos de cristal y alguien nos lee hasta el último átomo de oxígeno que acabamos de respirar. Se vio parado contemplándola, incapaz de moverse, como si sus pies se hubieran convertido en plomo y todas sus fuerzas se hubieran evaporado al calor del fuego. Fueron sólo segundos en los que perdió la noción del tiempo, de sí mismo, de los que lo rodeaban. En los que dejó de sentir la tierra, el fango y la sangre que lamían sus pies, las gotas de sudor cargadas de polvo que se metían en sus ojos entrecerrados y la lluvia que había vuelto a caer de repente como si mantuviera la ilusión de ser capaz de limpiar aquella pobredumbre.
Fueron segundos en los que no fue capaz de percibir el cambio de hombres de honor a depredadores en aquellos que lo acompañaban. Fueron sólo segundos pero fue suficiente para tener que correr como alma que lleva el diablo para interponerse entre ellos y aquella mujer vestida de gris con una niña pequeña que apretaba su manita a la de ella. Tiró de espada, de puños y gritos, de apelaciones y lágrimas, de toda la rabia acumulada y de la desesperación reflejada en sus caras. Se plantó entre ellos sintiendo la mirada de la mujer y de la niña, desafiante la primera, tranquila y en calma la segunda, como si conociera de antemano el desenlace de aquel envite.
Con la esperanza ya perdida intentó hacerlos retroceder, recordándoles quienes eran, el valor de los juramentos que habían prestado y la enseña que portaban en el pecho. Sonrieron con los ojos inyectados en sangre y se abalanzaron sobre él. Sintiéndose en paz, cerró los ojos y todo su cuerpo se tensó. Moriría bien, luchando por aquello que amaba y con la ilusión satisfecha de haber encontrado aquellos ojos que le habían acompañado desde el primer día de su vida. Relajó las piernas, juntó las manos y con un rápido movimiento inició la lucha. Una lucha desigual contra tres, era una forma honrosa de morir cuando le llegara su hora. Pero la mirada que sentía clavarse en su espalda le decía que esa no había llegado aún. Se cruzaron espadas, cuchillos y golpes....saltaron dientes, salpicó la sangre que terminó chupando la tierra, ávida de vida y muerte, llegaron gritos, lamentos, crujir de huesos, lágrimas y algún cuerpo cayó al suelo, para incorporarse y continuar la lucha hasta que no quedara aliento en ninguno de ellos.Despertó al día siguiente notando el calor de la sangre en los costados, la cara deformada y alguna costilla rota que hacía que cada respiración se transformara en un nuevo infierno. Lentamente abrió un ojo y vio a la niña sonriéndole sentada a sus pies. Estaba viva y sin daño aparente. Respiró profundamente, aliviado, y sintió como si una flecha acabara de atravesarle el pecho. Inquieto, buscó a la mujer y no la vio. Angustiado, intentó incorporarse para encontrarla mientras notaba como su cuerpo se resquebrajaba. Una voz firme lo paró a tiempo..."Tranquilo, estamos bien. No debes moverte", "¿por qué has tardado tanto?, llevamos años esperándote....".
Y sonrió. Por fin las piezas del mundo empezaban a estar en su sitio.
lunes, 31 de octubre de 2016
Tiemblo cada vez que suena la puerta...
Y al abrir la puerta...
Contaban las vecinas de su calle que la encontraron en una cesta debajo de las sillas de un cine. Lloraba con rabia a la vida, con el alma asomándole entre los dientes y los ojos rojos. Buscaba su sitio y quería hacerse notar. Nació gritando, quizás por eso cuando se hizo mayor se olvidó de como se hacía. Era distinta, tenía la historia de la Tierra escrita en sus ojos y la curva del mar en los labios. Brillaba, de una manera tan auténtica que nunca fue consciente de que lo hacía.
Adoraba correr descalza por las calles y miraba fijamente las tapas de los libros antes de abrirlos y devorarlos, reteniendo párrafos e información completamente heterogenea y aparentemente desconcertante por la carencia de un nexo común.
Se sentaba en el bordillo de la acera a comer salchichas crudas y a jugar con los gatos. En cierto sentido, se sentía uno de ellos. Se revolcaba con los más pequeños llenando su piel de polvo y arañazos. Y sonreía. Sonreía constantemente, por todo y a todos.
Le gustaban los días de lluvia y amaba los lunes por la mañana.
Aquella noche había estado mirando por la ventana como se formaban los charcos en los bordes de la calle, y se sentía inquieta. Miraba el reloj de forma compulsiva y tarareaba una vieja canción una y otra vez. Su cuerpo presentía que iba a pasar algo aunque ella no entendía por qué no se sentía capaz de sentarse treinta segundos seguidos. Al fondo, la luna intentaba abrirse paso entre el ejercito de nubes que seguía arrojando agua al mundo.
Empezó a temblar repentinamente y saltó de la silla sintiendo un impulso irrefrenable de abrir la puerta. Llegó hasta ella y giró el pomo con violencia, incluso con ansía...detrás sólo la lluvia y los primeros rayos de luna que consiguieron filtrarse hasta el suelo... Se rió de si misma, y volvió dentro luchando contra el instinto que le pedía correr por las calles y llenarse de agua y barro. Se sentía completamente animal en ese momento, su corazón latía cada vez más rápido y su respiración se aceleraba, hinchando y y deshinchando su pecho. Quería salir de allí, encontrar aquello que hacía que sus pupilas hubieran empezado a dilatarse, sentirse primaria y viva como cuando era loba y corría libre por los bosques.
Perdida en ese delirio vital, sonó la puerta. La lluvia caía fina y suave, y la luna, por fin, se había hecho dueña de la noche. Sus músculos se tensaron y respiró profundamente. Sabía que el momento había llegado. Desde que tenía 9 años y subió al coche rojo que estaba aparcado en la esquina, sabía que esto iba a suceder. Pero, ¿qué es esto en realidad?, ¿qué llevo toda la vida esperando?. Su cabeza bullía entre innumerables preguntas para las que no encontraba respuesta. Las miles de páginas leídas, subrayadas y llenas de anotaciones por las que había viajado en cientos de libros, no le daban ninguna respuesta que calmara su ritmo cardiaco. Se acercó a la puerta, despacio, sin saber cuanto tiempo había transcurrido desde que escuchó el primer golpe. Segundos u horas, pensó....mientras repasaba toda su vida detrás de sus córneas. Agarró el pomo y antes de abrirla del todo escuchó por primera vez una voz que conocía desde siempre...
"Ya estoy aquí. No volveré a irme de tu vida salvo que tú lo quieras."
Cap. 2: ya no hay monstruos bajo la cama.
Contaban las vecinas de su calle que la encontraron en una cesta debajo de las sillas de un cine. Lloraba con rabia a la vida, con el alma asomándole entre los dientes y los ojos rojos. Buscaba su sitio y quería hacerse notar. Nació gritando, quizás por eso cuando se hizo mayor se olvidó de como se hacía. Era distinta, tenía la historia de la Tierra escrita en sus ojos y la curva del mar en los labios. Brillaba, de una manera tan auténtica que nunca fue consciente de que lo hacía.
Adoraba correr descalza por las calles y miraba fijamente las tapas de los libros antes de abrirlos y devorarlos, reteniendo párrafos e información completamente heterogenea y aparentemente desconcertante por la carencia de un nexo común.
Se sentaba en el bordillo de la acera a comer salchichas crudas y a jugar con los gatos. En cierto sentido, se sentía uno de ellos. Se revolcaba con los más pequeños llenando su piel de polvo y arañazos. Y sonreía. Sonreía constantemente, por todo y a todos.
Le gustaban los días de lluvia y amaba los lunes por la mañana.
Aquella noche había estado mirando por la ventana como se formaban los charcos en los bordes de la calle, y se sentía inquieta. Miraba el reloj de forma compulsiva y tarareaba una vieja canción una y otra vez. Su cuerpo presentía que iba a pasar algo aunque ella no entendía por qué no se sentía capaz de sentarse treinta segundos seguidos. Al fondo, la luna intentaba abrirse paso entre el ejercito de nubes que seguía arrojando agua al mundo.
Empezó a temblar repentinamente y saltó de la silla sintiendo un impulso irrefrenable de abrir la puerta. Llegó hasta ella y giró el pomo con violencia, incluso con ansía...detrás sólo la lluvia y los primeros rayos de luna que consiguieron filtrarse hasta el suelo... Se rió de si misma, y volvió dentro luchando contra el instinto que le pedía correr por las calles y llenarse de agua y barro. Se sentía completamente animal en ese momento, su corazón latía cada vez más rápido y su respiración se aceleraba, hinchando y y deshinchando su pecho. Quería salir de allí, encontrar aquello que hacía que sus pupilas hubieran empezado a dilatarse, sentirse primaria y viva como cuando era loba y corría libre por los bosques.Perdida en ese delirio vital, sonó la puerta. La lluvia caía fina y suave, y la luna, por fin, se había hecho dueña de la noche. Sus músculos se tensaron y respiró profundamente. Sabía que el momento había llegado. Desde que tenía 9 años y subió al coche rojo que estaba aparcado en la esquina, sabía que esto iba a suceder. Pero, ¿qué es esto en realidad?, ¿qué llevo toda la vida esperando?. Su cabeza bullía entre innumerables preguntas para las que no encontraba respuesta. Las miles de páginas leídas, subrayadas y llenas de anotaciones por las que había viajado en cientos de libros, no le daban ninguna respuesta que calmara su ritmo cardiaco. Se acercó a la puerta, despacio, sin saber cuanto tiempo había transcurrido desde que escuchó el primer golpe. Segundos u horas, pensó....mientras repasaba toda su vida detrás de sus córneas. Agarró el pomo y antes de abrirla del todo escuchó por primera vez una voz que conocía desde siempre...
"Ya estoy aquí. No volveré a irme de tu vida salvo que tú lo quieras."
Cap. 2: ya no hay monstruos bajo la cama.
sábado, 29 de octubre de 2016
Lluvia desde la ventana
Clap, clap, clap....sonaban sus pisadas sobre las calles mojadas de una ciudad cualquiera. Clap, clap, clap....sonaba la lluvia sobre los charcos rotos a cada paso que daba. Clap, clap, clap....resonaban en sus oídos cada gota que golpeaba su cabeza.
Apenas unas débiles luces alumbraban las calles. Lo suficiente para no chocar en cada esquina al mismo tiempo que no le permitían identificar donde se encontraba. Tampoco parecía importarle demasiado. Sabía donde quería estar pero desconocía el camino. Seguía firme, con los ojos apretados mirando hacia delante a pesar de los interrogantes que surgían al doblar cada esquina. Sus dedos se cerraban en sus manos cada vez con más fuerza y sentía como se clavaban las uñas en las palmas hasta notar el calor de la sangre que empezaba a brotar. Le gustaba. Le hacía sentirse vivo.
Empapado, con la ropa pegada a la piel como parte de ella y los huesos calados, se sentó en un escalón donde parecía que la tormenta había decidido guardarle unos segundos de tranquilidad. Allí volvió a pensar en si volver atrás... No, en su pecho latía una determinación y un convencimiento que ninguno de los miedos que habían bailado a su alrededor consiguieron siquiera hacer temblar.
De repente, oyó un ruido y vio un gato correr. Pensó en bombón sin ser consciente durante unos segundos. El gato bombón se escuchó decir en voz alta....y comenzó a reír a carcajadas, con la fuerza del que descubre por primera vez el poder de la risa. Vine para quedarme, sentenció, hablando para sí mismo y para quien llevaba tanto buscando. Volvío a experimentar el calor de la sangre en las palmas de las manos al clavar sus uñas en ellas.
Se levantó lentamente del escalón y clavó los ojos al final de la calle donde se encontraba. Había una pequeña ventana tras la que brillaba, suavemente, una luz diminuta (una luciérnaga azul aleteó dentro de su cabeza) que dibujaba siluetas desconocidas que al mismo tiempo eran las mismas que se le llevaban apareciendo en sueños desde hacía 400 años. La bombilla de una farola soltó un gemido y antes de explotar reflejó su sombra entre los desconchones de la pared. Si alguien hubiera estado observando, hubiera visto dos alas de color azul que sólo su sombra desplegaba mientras el se secaba la cara con las manos ajeno a lo que ella hacía.
Sabía que era esa puerta a la que debía dirigirse. Que detrás de ella empezaría a encontrar preguntas a las respuestas que ya tenía. Sólo en ese momento, a su garganta subieron palabras que no tuvo fuerza para pronunciar aún sabiendo que no lo escuchaban más que sus propios miedos e ilusiones (que, a veces, coinciden y se reflejan, y se cogen de la mano para decidir cual de ellos decide lo que somos).
Empezó a caminar, tembloroso, pero con la firmeza de no dejar la vida pasar sin pasar antes por ella. Estaba allí, había encontrado el lugar y pensaba atravesar la puerta incluso con todos los miedos colgados de sus brazos (o bien, saltar por encima de ellos a piola, como cuando no existían). A cada paso, sus piernas pesaban más y su respiración se volvía más acelerada y densa a la vez. Los primeros parecían fundirse en el asfalto de la calle del esfuerzo que le suponía despegar los pies del suelo. El segundo resultó más fácil que el primero y al tercero ya no sentía siquiera el roce. Con cada uno, el peso de sus brazos iba haciéndose más liviano y en su garganta se arremolinaban, sin parar de girar, emociones que nacían del centrifugado que sentía en la boca del estómago.
Llegó por fin a la puerta. Justo al lado, un coche rojo. Con la mano temblorosa, se decidió a llamar. Al otro lado unas pisadas le anunciaron que, sin ninguna duda al respecto, había encontrado el lugar y a la persona que buscaba (¿qué son 400 años en 10000 vidas?). La puerta se abrió ligeramente para dejar entrever unos ojos que miraban con toda la profundidad del universo y todo lo que había alrededor quedó difuminado como en una fotografía lo que está fuera de foco.
Miró despacio, con miedo a no ser reconocido y a recibir un adiós antes de que sus ojos pudieran grabar en su memoria ese momento. Vacilando todavía por la sorpresa, comenzó a hablar.
- Ya estoy aquí. No volveré a irme de tu vida salvo que tú lo quieras.
La puerta se abrió del todo y sonrió.
Cap.1: ya no hay monstruos bajo la cama.
Apenas unas débiles luces alumbraban las calles. Lo suficiente para no chocar en cada esquina al mismo tiempo que no le permitían identificar donde se encontraba. Tampoco parecía importarle demasiado. Sabía donde quería estar pero desconocía el camino. Seguía firme, con los ojos apretados mirando hacia delante a pesar de los interrogantes que surgían al doblar cada esquina. Sus dedos se cerraban en sus manos cada vez con más fuerza y sentía como se clavaban las uñas en las palmas hasta notar el calor de la sangre que empezaba a brotar. Le gustaba. Le hacía sentirse vivo.
Empapado, con la ropa pegada a la piel como parte de ella y los huesos calados, se sentó en un escalón donde parecía que la tormenta había decidido guardarle unos segundos de tranquilidad. Allí volvió a pensar en si volver atrás... No, en su pecho latía una determinación y un convencimiento que ninguno de los miedos que habían bailado a su alrededor consiguieron siquiera hacer temblar.
De repente, oyó un ruido y vio un gato correr. Pensó en bombón sin ser consciente durante unos segundos. El gato bombón se escuchó decir en voz alta....y comenzó a reír a carcajadas, con la fuerza del que descubre por primera vez el poder de la risa. Vine para quedarme, sentenció, hablando para sí mismo y para quien llevaba tanto buscando. Volvío a experimentar el calor de la sangre en las palmas de las manos al clavar sus uñas en ellas.
Se levantó lentamente del escalón y clavó los ojos al final de la calle donde se encontraba. Había una pequeña ventana tras la que brillaba, suavemente, una luz diminuta (una luciérnaga azul aleteó dentro de su cabeza) que dibujaba siluetas desconocidas que al mismo tiempo eran las mismas que se le llevaban apareciendo en sueños desde hacía 400 años. La bombilla de una farola soltó un gemido y antes de explotar reflejó su sombra entre los desconchones de la pared. Si alguien hubiera estado observando, hubiera visto dos alas de color azul que sólo su sombra desplegaba mientras el se secaba la cara con las manos ajeno a lo que ella hacía.
Sabía que era esa puerta a la que debía dirigirse. Que detrás de ella empezaría a encontrar preguntas a las respuestas que ya tenía. Sólo en ese momento, a su garganta subieron palabras que no tuvo fuerza para pronunciar aún sabiendo que no lo escuchaban más que sus propios miedos e ilusiones (que, a veces, coinciden y se reflejan, y se cogen de la mano para decidir cual de ellos decide lo que somos).
Empezó a caminar, tembloroso, pero con la firmeza de no dejar la vida pasar sin pasar antes por ella. Estaba allí, había encontrado el lugar y pensaba atravesar la puerta incluso con todos los miedos colgados de sus brazos (o bien, saltar por encima de ellos a piola, como cuando no existían). A cada paso, sus piernas pesaban más y su respiración se volvía más acelerada y densa a la vez. Los primeros parecían fundirse en el asfalto de la calle del esfuerzo que le suponía despegar los pies del suelo. El segundo resultó más fácil que el primero y al tercero ya no sentía siquiera el roce. Con cada uno, el peso de sus brazos iba haciéndose más liviano y en su garganta se arremolinaban, sin parar de girar, emociones que nacían del centrifugado que sentía en la boca del estómago.
Llegó por fin a la puerta. Justo al lado, un coche rojo. Con la mano temblorosa, se decidió a llamar. Al otro lado unas pisadas le anunciaron que, sin ninguna duda al respecto, había encontrado el lugar y a la persona que buscaba (¿qué son 400 años en 10000 vidas?). La puerta se abrió ligeramente para dejar entrever unos ojos que miraban con toda la profundidad del universo y todo lo que había alrededor quedó difuminado como en una fotografía lo que está fuera de foco.
Miró despacio, con miedo a no ser reconocido y a recibir un adiós antes de que sus ojos pudieran grabar en su memoria ese momento. Vacilando todavía por la sorpresa, comenzó a hablar.
- Ya estoy aquí. No volveré a irme de tu vida salvo que tú lo quieras.
La puerta se abrió del todo y sonrió.
Cap.1: ya no hay monstruos bajo la cama.
viernes, 28 de octubre de 2016
Mis cortinas son de rayas de colores...
A veces, sentimos que no sale el sol porque hemos olvidado descorrer las cortinas.
Decidí saltar de la cama y me envolví en ellas, dejando que la luz inundara la casa. Tejí un tobogán de rayas con sus colores y lo colgué de mi ventana (aún no os lo he contado, pero tengo una ventana mágica en casa). Desde allí me deslicé pensando fuertemente el lugar en el que quería aterrizar.
Al abrir los ojos estaba lleno de barro, mojado de tierra y medio enterrado entre raíces, piedras y hojas secas. Un árbol me miraba curioso.
- Por fín, llevaba mucho tiempo esperándote.
- Lo siento, me entretuve jugando por el camino.
- No....Eso es lo que has dejado de hacer y tienes que recuperar. Y me dió una mochila vacía con una pluma azul en el fondo. Ya sabes lo que tienes que hacer, vuelve a llenarla.
Obediente, me tumbé entre sus enormes raíces y me convertí en un ovillo de mi mismo (como los gatitos al dormir), relajé las manos, cerré los ojos y comencé a observarlo todo.
Me dejé caer por mi garganta, no sin sorprenderme antes de lo dificil que es caminar sobre la lengua. A punto estuve de resbalarme, pero usé las paredes de mis pulmones para clavar mis dedos y evitar la caída. A lo lejos escuché unos latidos que reconocí como míos. Allí tenía que ir.
Al aproximarme, me encontré con una pequeña hada. Me miró, con una mezcla de tristeza y esperanza, para decirme..Llegaste, necesito que me lleves contigo y me acerques al corazón. La abracé suavemente, sorprendido por lo poco que pesaba y el poco calor que desprendía. Perdóname, perdóname, perdóname...siento haber dejado que esto pasara. A veces, crezco sin darme cuenta y olvido el camino. La besé en la frente y volví a sentirme saltar en los charcos de lluvia. Empezó a brillar lentamente, su calor fue aumentando y sus alas cobraron vida. Mi mochila empezó a hincharse y entre las costuras empezó a asomar el azul de todas las plumas que nos hacen volar desde que el mundo nació. Los dos sonreímos mirándonos con una atracción magnética, irrefrenable, absolutamente vital. Y temblando, nos abrazamos, como la primera vez, como cada vez que lo hacemos, como siempre que juntamos las caritas y nos convertimos en cíclopes.
A veces, sentimos que no sale el sol porque olvidamos descorrer las cortinas.
PD: Gracias por recorrer el universo para llenar mi mochila.
Decidí saltar de la cama y me envolví en ellas, dejando que la luz inundara la casa. Tejí un tobogán de rayas con sus colores y lo colgué de mi ventana (aún no os lo he contado, pero tengo una ventana mágica en casa). Desde allí me deslicé pensando fuertemente el lugar en el que quería aterrizar.
Al abrir los ojos estaba lleno de barro, mojado de tierra y medio enterrado entre raíces, piedras y hojas secas. Un árbol me miraba curioso.
- Por fín, llevaba mucho tiempo esperándote.
- Lo siento, me entretuve jugando por el camino.
- No....Eso es lo que has dejado de hacer y tienes que recuperar. Y me dió una mochila vacía con una pluma azul en el fondo. Ya sabes lo que tienes que hacer, vuelve a llenarla.
Obediente, me tumbé entre sus enormes raíces y me convertí en un ovillo de mi mismo (como los gatitos al dormir), relajé las manos, cerré los ojos y comencé a observarlo todo.
Me dejé caer por mi garganta, no sin sorprenderme antes de lo dificil que es caminar sobre la lengua. A punto estuve de resbalarme, pero usé las paredes de mis pulmones para clavar mis dedos y evitar la caída. A lo lejos escuché unos latidos que reconocí como míos. Allí tenía que ir.
Al aproximarme, me encontré con una pequeña hada. Me miró, con una mezcla de tristeza y esperanza, para decirme..Llegaste, necesito que me lleves contigo y me acerques al corazón. La abracé suavemente, sorprendido por lo poco que pesaba y el poco calor que desprendía. Perdóname, perdóname, perdóname...siento haber dejado que esto pasara. A veces, crezco sin darme cuenta y olvido el camino. La besé en la frente y volví a sentirme saltar en los charcos de lluvia. Empezó a brillar lentamente, su calor fue aumentando y sus alas cobraron vida. Mi mochila empezó a hincharse y entre las costuras empezó a asomar el azul de todas las plumas que nos hacen volar desde que el mundo nació. Los dos sonreímos mirándonos con una atracción magnética, irrefrenable, absolutamente vital. Y temblando, nos abrazamos, como la primera vez, como cada vez que lo hacemos, como siempre que juntamos las caritas y nos convertimos en cíclopes.
A veces, sentimos que no sale el sol porque olvidamos descorrer las cortinas.
PD: Gracias por recorrer el universo para llenar mi mochila.
miércoles, 26 de octubre de 2016
SÓLO EMPEZANDO....
Mientras el último rayo de la luz del día cruza la puerta de tu habitación, me asomo, temeroso al umbral, para ver caer sobre tu mejilla caliente un mechón de tu flequillo. Lentamente, sorteando dragones, princesas y príncipes, castillos en las nubes y algún gnomo despistado que se queja de que lo he pisado, llego al borde de la cama para darte el que pienso será el último beso antes de volver a verte (luego lo acompañan una ristra interminable hasta el amanecer). Agarro tu puño cerrado que aprieta el aire que compartimos y alguno de nuestros secretos dichos al oído, y bendigo cada segundo que te escucho respirar, mirando al cielo desafiante. "No te atrevas a dejar que se apague el brillo de sus ojos".
En el camino de vuelta, me tropiezo con una princesa que me salva de un dragón y un príncipe que me invita a tomar la merienda mientras ella vuelve a casa. LLega a los pocos instantes con el dragón agarrado de la mano. Se han hecho amigos y tomamos vino para celebrarlo, mientras el dragón, con un pequeño suspiro, enciende el fuego de la chimenea. Cantan canciones, inventan historias y me dicen que elija un sueño, que es su regalo de bienvenida. Cuando mis labios empiezan a abrirse para pronunciarlo, me dicen que no hace falta, que al nacer, cambiaron mi pecho por un trozo de cristal y que es un sueño precioso. Lo estás viviendo, dijeron, y sólo estas (estamos) empezando a hacerlo...
Me bato en retirada al abrigo de mi cama, y siento en ella como sus manos agarran las mías y mis pies se mezclan con los suyos, que son los tuyos, "arrebujaitos".
Tenías razón, sólo estamos empezando....
https://www.youtube.com/watch?v=UawC_d7I_5c
En el camino de vuelta, me tropiezo con una princesa que me salva de un dragón y un príncipe que me invita a tomar la merienda mientras ella vuelve a casa. LLega a los pocos instantes con el dragón agarrado de la mano. Se han hecho amigos y tomamos vino para celebrarlo, mientras el dragón, con un pequeño suspiro, enciende el fuego de la chimenea. Cantan canciones, inventan historias y me dicen que elija un sueño, que es su regalo de bienvenida. Cuando mis labios empiezan a abrirse para pronunciarlo, me dicen que no hace falta, que al nacer, cambiaron mi pecho por un trozo de cristal y que es un sueño precioso. Lo estás viviendo, dijeron, y sólo estas (estamos) empezando a hacerlo...
Me bato en retirada al abrigo de mi cama, y siento en ella como sus manos agarran las mías y mis pies se mezclan con los suyos, que son los tuyos, "arrebujaitos".
Tenías razón, sólo estamos empezando....
https://www.youtube.com/watch?v=UawC_d7I_5c
martes, 25 de octubre de 2016
En todas partes y siempre...
"Allí estaban sentados al borde del precipicio con la eternidad como horizonte y les parecía corto el tiempo que tenían por delante.
-Debo irme, le decía.
-Vale, pero quédate para siempre. -Nunca me marcho, lo sabes.
-Lo sé, te siento a mi lado cada momento. Pero...no te vayas, cachitos de alma se van contigo y no vuelven hasta que regresas.
-La mía se queda aquí, al abrigo de tu abrazo. Pero debo irme.
-Lo sé, pero quédate para siempre.
Y cachitos de alma vuelan cada noche por el cielo señalando el camino de regreso al hogar, como migas de pan con chocolate, como libélulas azules que sueñan con ser supernovas".
Cierra los ojos para verlas.
https://www.youtube.com/watch?v=wNI3ZOnq7Ro
lunes, 24 de octubre de 2016
Porque estas cosas pasan...(es cierto, lo sé. Y tú también)
Los viejos del mundo dicen que hay ocasiones en que dos personas se conocen y hablan toda una vida antes de verse por primera vez. Dicen, además, que se abrazaron antes de conocerse. La última vez que los vieron, se estaban asomando a un precipicio. Estaban agarrados de las manos y sonreían. Llamaban la atención esas sonrisas porque estaban saltando al vacío sin dejar de mirarse.
Y...bueno, esto no se lo digas a nadie...,se marcharon volando...
Él sueña con soñar lo que ella sueña.....
Porque sueña que ella sueña con él....entre gotas de lluvia y
ensoñaciones transcurría la noche descompuesta en una paleta de colores
infinita. Rojos, verdes, azules, amarillos y todo tipo de rosas nos
alumbraban al tiempo que difuminaban nuestras siluetas.
Al mismo tiempo el tipo del traje no paraba de cantar spnb sólo para nosotros y para el recuerdo de la visita a las calles de tu infancia. Mis manos se deslizaban suaves por los bolsillos de tus vaqueros rotos al tiempo que, con disimulada indiferencia, entrelazabas tus dedos a los míos.
Dios esbozó una sonrisa al dibujar la escena.
Y tú estabas allí, los dos lo sabíamos y lo sentíamos en las yemas de los dedos y en los pies (porque el amor está en los pies), y también estabas aquí y en ese allí donde estas ahora para estar también y, al mismo tiempo, en este lugar escribiendo esto conmigo. ¿Qué cómo es posible?. Magia, ya lo sabes, ¿qué si no?. De la misma forma que llevamos durmiendo juntos cada noche incluso desde antes de nacer o de la que esperé a leer a Cortazar 37 años más de lo que se merecía.
Somos los únicos miembros de una sociedad secreta....
https://www.youtube.com/watch?v=WPHk2fuGMzs
Al mismo tiempo el tipo del traje no paraba de cantar spnb sólo para nosotros y para el recuerdo de la visita a las calles de tu infancia. Mis manos se deslizaban suaves por los bolsillos de tus vaqueros rotos al tiempo que, con disimulada indiferencia, entrelazabas tus dedos a los míos.
Dios esbozó una sonrisa al dibujar la escena.
Y tú estabas allí, los dos lo sabíamos y lo sentíamos en las yemas de los dedos y en los pies (porque el amor está en los pies), y también estabas aquí y en ese allí donde estas ahora para estar también y, al mismo tiempo, en este lugar escribiendo esto conmigo. ¿Qué cómo es posible?. Magia, ya lo sabes, ¿qué si no?. De la misma forma que llevamos durmiendo juntos cada noche incluso desde antes de nacer o de la que esperé a leer a Cortazar 37 años más de lo que se merecía.
Somos los únicos miembros de una sociedad secreta....
https://www.youtube.com/watch?v=WPHk2fuGMzs
CUANDO ESTABA A PUNTO DE DECÍRTELO SE ME ADELANTÓ MI SONRISA...
Nadie hablaba de el mientras acudía diariamente. Se sentaba, hablaba
poco, escuchaba a todos, a veces, sentía la tentación de encender un
cigarrillo aunque no le gustase fumar. Le gustaba pensar que alguien le
ofrecía un whisky con hielo. Miraba a los ojos de todos, reía
intensamente e incluso en ocasiones lloraba de emoción cuando el corazón
le galopaba en el pecho. A ratos cantaba en voz baja. Desbordaba
entusiasmo a cada paso que daba. Ojalá lo hubieran visto antes. Ojalá
alguien se hubiera acercado a decirle que no dejara de ir, a ponerle ese
vaso de whisky en la mano mientras él, flojito, leía alguna poesía para
si mismo y los que estaban cerca lo observaban expectantes porque los
hacia vibrar sin que entendieran los motivos. Ojalá esa persona que
siempre se sentaba al lado le hubiera dicho que la vida era especial
desde que sin esperarlo, apareció allí, que nunca se fuera solo porque
los días en que no estaba parecían huecos. Ojalá le hubiera cogido la
mano y le hubiera hecho sentir que la felicidad podría tener su nombre
si hubiera decidido acompañarlo.
Pero no lo hizo.
Se hizo amigo de las huellas del camino de vuelta a casa, del viento que soplaba y juguetón, le hacía estornudar. De algunas estrellas y de la oscuridad de la noche.
Un día dejo de ir. Era feliz, había llegado hasta allí viviendo intensamente cada instante, jugando como un niño de cinco años con la nieve recién caída. No tenía deudas consigo mismo y sí lleno el tarro de ilusiones.
Desde ese día nada volvió a ser lo mismo. Algunos llenan vasos de whisky y no encuentran a quien ofrecérselo, hay manos que encienden cigarrillos que ninguna boca llega a fumar. Las cabezas se giran creyendo oír tararear canciones que conocen aunque no saben de qué. Incluso hay quien cree oír al viento recitar poesía.
Todos acaban mirando el hueco vacío donde antes una sonrisa y unos ojos cargados de entusiasmo les invitaban a exprimir la vida sin que se atrevieran.
Pero no lo hizo.
Se hizo amigo de las huellas del camino de vuelta a casa, del viento que soplaba y juguetón, le hacía estornudar. De algunas estrellas y de la oscuridad de la noche.
Un día dejo de ir. Era feliz, había llegado hasta allí viviendo intensamente cada instante, jugando como un niño de cinco años con la nieve recién caída. No tenía deudas consigo mismo y sí lleno el tarro de ilusiones.
Desde ese día nada volvió a ser lo mismo. Algunos llenan vasos de whisky y no encuentran a quien ofrecérselo, hay manos que encienden cigarrillos que ninguna boca llega a fumar. Las cabezas se giran creyendo oír tararear canciones que conocen aunque no saben de qué. Incluso hay quien cree oír al viento recitar poesía.
Todos acaban mirando el hueco vacío donde antes una sonrisa y unos ojos cargados de entusiasmo les invitaban a exprimir la vida sin que se atrevieran.
LOS NIÑOS VUELAN
Estaba columpiándose entre las estrellas y saltando de una a otra con
una sonrisa perpetua. Sabía que si no llegaba y se quedaba a medio
camino, podía volar y alcanzar su objetivo.
- Sshh! ¿Sabes qué estás haciendo? Te vas a caer y te vas a hacer daño o, peor aún, te vas a matar. Para de jugar y deja de comportarte como un niño. Crece de una vez!.
Se quedó parado mirando a la siguiente estrella y giró los ojos hacia los de su avisador. En los ojos de éste había un fondo de tristeza, de dolor por la pérdida de la inocencia, de resentimiento hacia si mismo....volvió a mirarlo, lo cogió de la mano y sonrío. Dentro de ti hay un niño que quiere saltar conmigo, le dijo.
Los dos cruzaron las manos y saltaron. Dejaron atrás un disfraz impostado que había tratado de robarle los sueños, una piel hueca y muerta, seca y quebradiza.
Ahora riegan de polvo de estrellas y risas cada rincón del universo.
Toma mi mano...saltas conmigo?
- Sshh! ¿Sabes qué estás haciendo? Te vas a caer y te vas a hacer daño o, peor aún, te vas a matar. Para de jugar y deja de comportarte como un niño. Crece de una vez!.
Se quedó parado mirando a la siguiente estrella y giró los ojos hacia los de su avisador. En los ojos de éste había un fondo de tristeza, de dolor por la pérdida de la inocencia, de resentimiento hacia si mismo....volvió a mirarlo, lo cogió de la mano y sonrío. Dentro de ti hay un niño que quiere saltar conmigo, le dijo.
Los dos cruzaron las manos y saltaron. Dejaron atrás un disfraz impostado que había tratado de robarle los sueños, una piel hueca y muerta, seca y quebradiza.
Ahora riegan de polvo de estrellas y risas cada rincón del universo.
Toma mi mano...saltas conmigo?
LOS PRINCIPIOS CÍCLICOS
Sin mayor pretensión que responder a un (inexplicable, por otra parte) entusiasmo manifestado por dos personas que disfrutan con las pequeñas locuras que conforman los impulsos que, a veces, me llevan a vomitar pequeños relatos, poemas e incluso algún cuento, he decidido sin pensarlo demasiado (porque si no este pequeño proyecto se quedaría escondido en uno de los cajones que guardamos en las tripas) comenzar a escribir este blog. No sé ni cuando ni como cuanto escribiré, si será parte de mi presente, mi pasado o mi futuro, o si habrá alguien que lo lea en alguna ocasión. En realidad, me sonrojo mientras escribo ésto porque me cuesta creer que a alguien más que a mi le interesen mis locuras.
Este lugar no pretende ser más que un pequeño reducto donde guardar aquello que me sale de las tripas y a lo que necesito ponerle letras para sobrevivir. Si a cualquiera de los que paséis por aquí, de casualidad o incluso intencionadamente,os apetece quedaros un rato, compartir todo lo que se os pase por la boca del estómago o aquello que os haga emocionaros o temblar, tomad asiento donde os resulte más placentero y servíos algo.
Llegado el caso, si alguna vez os apetece repetir el paseo hasta aquí, seréis recibidos con el mismo cariño y entusiasmo que la primera vez. A lo mejor, hasta con más.
Sólo os pido un pequeño favor, sed benévolos y dejad el cerebro en el guardarropa. Cuando se atraviesa el umbral, todos pasamos a tener 5 años (como ocurre siempre que nieva), y dejad de razonar. Empecemos a corazonar.
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